El dragón que protege la villa

Vandalismo. Ni siquiera el empleo del bronce ha evitado la acción de los gamberros que han dañado la escultura y pintado la obra. / OLIDEN
Vandalismo. Ni siquiera el empleo del bronce ha evitado la acción de los gamberros que han dañado la escultura y pintado la obra. / OLIDEN

Juanjo Zabarte diseñó con plastilina la obra esculpida en bronce por unos italianos

KEPA OLIDEN ARRASATE.

El mitológico dragón que devoraba doncellas hasta que los ferrones acabaron con la bestia hace tiempo que dejó de ser una alegoría del terror y la violencia para transformarse en un inofensivo símbolo de la villa a la que da nombre desde 1260. Mondragón incluso ha erigido en protector al otrora aterrador dragón. De hecho, una figura de bronce 'vela' por el municipio desde la cima de Santa Bárbara. Concretamente, en el borde de la explanada de Goikobalu que se asoma sobre el casco histórico se yergue desde hace más de 30 años esta escultura cuya paternidad comparten Javier Berecíbar, Juanjo Zabarte y los italianos Luigi y Gino Corsannini.

Alcalde Álvaro Arregi

La historia de la escultura de bronce del dragón de Goikobalu se remonta a la época en que el alcalde Álvaro Arregi (PNV) regía el ayuntamiento. Corría el año 1985 y la concejalía de aceras, parques y jardines recaía sobre Juan José Zabarte.

Este edil atestiguaba que fue en aquella legislatura cuando «más obras se han acometido en el pueblo, y la más importante de ellas fue sin duda la traída de aguas de Urkulu».

Ornato urbano

Zabarte recordaba que durante el mandato de Arregi la Diputación Foral de Gipuzkoa ideó un plan por el que para cualquier obra pública que superara determinado importe, si el ayuntamiento correspondiente añadía un 1,5% al presupuesto, la Diputación Foral ponía otro tanto. Así, cada proyecto podía contar con un 3% sobre el costo total para destinarlo a actuaciones de ornato urbano.

Fue en ese contexto donde se colocaron varias esculturas en diversas localizaciones del municipio, y concretamente la del dragón que hoy en día se levanta en el parque de Santa Bárbara.

Zabarte contaba que la génesis de esta obra comenzó coincidiendo con la obra del paseo Arrasate. Buscaban adornar el espacio con una escultura y «entonces se abrió un concurso público de ideas para elegir el ganador entre los proyectos presentados».

La ganadora fue una artista de Orio, pero el día que se le citó para recoger el premio y definir cómo se materializaría su escultura, «no apareció porque al parecer se extravió y no acertó a llegar desde Orio a Mondragón».

Aquel extravío, achacable al mero desconocimiento de dónde se halla Mondragón, sentó muy mal en el consistorio arrasatearra. Zabarte recordaba que, «vista la situación, y dado que Mondragón es un pueblo pequeño pero no tanto como para que alguien de la provincia ignore dónde está, se le retiró el galardón, y Álvaro Arregi me encomendó buscar y encontrar una alternativa rápida y viable».

Como en aquella época el pueblo de Mondragón tenía una estrecha relación con Ortonovo (Carrara, Italia) por razón de diversos encargos artísticos, el marmolista Luigi Corsannini «me dijo que su hermano Gino -a la sazón escultor restaurador de la catedral de Milán- podría hacer una escultura en el precio y plazo estipulados».

Pero faltaba el motivo artístico, y «hablando por casualidad con Javier Berecíbar, principal impulsor de la figura del dragón como símbolo del pueblo en aquella época, sugirió que un dragón en Santa Bárbara, protegiendo al pueblo -hasta la fecha le dragón era un símbolo negativo- podría quedar bien».

Mármol o bronce

Zabarte le comunicó la propuesta al alcalde Arregi «y le gustó la idea, pero existían varios problemas técnicos a resolver con urgencia, y me dio carta blanca para ello».

Al habla por teléfono con Gino, el marmolista italiano le dijo a Zabarte que una escultura en mármol le iba a llevar «mucho tiempo y que además sería fácilmente vandalizable en el lugar que se pretendía ubicar».

El consistorio decidió entonces emplear el bronce como materia prima, y le pidieron a Zabarte un diseño. «Como en esos tiempos no existía internet, esa misma noche en la cocina de casa y con plastilina, hice el modelo del dragón y la día siguiente se lo pasé por telefax -lo más moderno de la época- indicándole la fecha de entrega y el precio a pagarle, y rogándole que lo hiciera lo más grande posible».

La dimensiones de la escultura, sin embargo, vinieron dadas «por el precio del kilo de bronce utilizado, aunque me consta que los hermanos Corsannini pusieron de su bolsillo una generosa propina en el proyecto». Y así se instaló el dragón de bronce de Goikobalu, una obra que «quedó bien», y es evidente que la gente lo aprecia. Pero los vaticinios de Corsannini sobre el peligro vandalismo se han cumplido. A la escultura le falta la lengua que algún gamberro le rompió y además ha sido pintarrajeada.

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