Cuatro arrasatearras entre los catorce apóstoles de Oteiza en Arantzazu

1 969. Desde la izquierda, Javier Bengoa, Roberto San Pedro (fallecido), José Luis Garmendia (fallecido) y Juan Ramón Garai. / AZE
1 969. Desde la izquierda, Javier Bengoa, Roberto San Pedro (fallecido), José Luis Garmendia (fallecido) y Juan Ramón Garai. / AZE

Juan Ramón Garai y Javier Bengoa recuperan una instantánea histórica junto a los apóstoles recién instalados

KEPA OLIDENARRASATE.

El cincuenta aniversario de la colocación de los controvertidos catorce apóstoles de Jorge Oteiza en el frontispicio de la basílica de Arantzazu ha desempolvado muchas anécdotas relacionadas con aquel histórico acontecimiento de 1969. La polémica que rodeó a esta icónica obra dio mucho que hablar, sobre todo a raíz de que la jerarquía eclesiástica vetara su colocación en 1955.

Catorce años tuvieron que esperar los catorce apóstoles de Oteiza para ocupar al fin el espacio que les correspondía en el friso de la basílica. Y entre los primeros testigos de aquel evento se contaban cuatro jóvenes mondragoneses. Javier Bengoa, Roberto San Pedro 'Pitote', José Luis Garmendia 'Pana' y Juan Ramón Garai tenían entre 19 y 20 años. Compartían afición montañera y aunque «yo no era de los habituales, ese día salí con ellos», señala Garai. Por suerte este a la sazón joven empleado de la Unión Cerrajera poseía una cámara fotográfica que llevó consigo en aquella excursión que arrancaba con el viaje en autobús desde Arrasate hasta Arantzazu.

Ni Javier Bengoa ni Juan Ramón Garai, supervivientes del cuarteto, son capaces de fechar con precisión aquella jornada. Calculan que debía ser el primer fin de semana posterior a la finalización de los trabajos de colocación de los apóstoles, realizados entre el 12 y el 17 de junio del 1969. Por tanto, era presumiblemente el sábado 21 cuando estos cuatro jóvenes mondragoneses llegaba a Arantzazu para ser testigos de un hecho que desató gran expectación. Y admirando la obra maestra de Oteiza estaban «cuando un franciscano nos animó a encaramarnos al andamio de obra que aún permanecía en el lugar». No tuvo que insistir mucho el osado fraile para convencer a estos jóvenes que «con a nuestros 20 años no veíamos ningún peligro en aquella estructura de madera», decía Bengoa. El fraile «tampoco sería viejo» añadía Garai. Y ambos se admiran aún de que tan precaria tablazón sirviese de base para los operarios que trabajaron en la colocación de los grandes bloques de piedra caliza de tres metros de altura de los apóstoles.

Su arrojo quedó inmortalizado en la fotografía que ilustra esta información. Una instantánea que durante medio siglo ha permanecido guardada en el cajón hasta que Bengoa y Garai, al hilo de la conmemoración de los 50 años de los apóstoles, se acordaron de que «nosotros nos hicimos una foto allí arriba».

No recuerdan al autor de la fotografía. Quizá fue un quinto amigo que nos acompañaba aquel sábado. Pero no lo saben a ciencia cierta. De lo que sí se acuerdan es que tras hacerse la foto -y posiblemente otras instantáneas más que no ahora no encuentran- subieron a Urbia, donde pernoctaron en la chabola de un pastor «sobre una cama de hierba y helechos». El domingo reanudaron su camino para descender hasta la localidad alavesa de Araia, donde tomaron un tren a Vitoria y de ahí, en autobús, regresaron a casa.