Los arqueólogos buscarán nuevos 'secretos' debajo del campanario

Martillos. Los operarios de la brigada han tenido que perforar 40 centímetros de hormigón hasta el subsuelo de Kanpantorpea./OLIDEN
Martillos. Los operarios de la brigada han tenido que perforar 40 centímetros de hormigón hasta el subsuelo de Kanpantorpea. / OLIDEN

Aranzadi y AZE acometerán esta semana la segunda campaña de prospecciones Los sondeos coinciden esta vez con el punto donde se cree que se halla el sarcófago del obispo de Palencia

KEPA OLIDENARRASATE.

La segunda campaña de sondeos arqueológicos bajo la torre del campanario arrancará esta semana, probablemente mañana lunes, con la esperanza de arrancar nuevos 'secretos' al subsuelo de la parroquia. Su objetivo científico se centrará de nuevo en investigar el origen del poblamiento humano en Arrasate. Pero la exploración de tumbas y necrópolis medievales y el estudio de sus contextos funerarios comprenderá asimismo la búsqueda de cualquier resto o vestigio de la primitiva iglesia de San Juan. Su descubrimiento constituiría sin duda un hallazgo sensacional. Arrojaría algo de luz sobre el trazado de su planta y sobre la ubicación de aquel templo, no se sabe si construido en madera o piedra, que acabaría devorado por el catastrófico incendio del 23 de junio de 1448. Sus restos serían posteriormente 'engullidos' por la edificación de la parroquia que ahora conocemos. Los arqueólogos presumen que los restos de aquella primitiva iglesia supuestamente erigida por los fundadores de la villa en 1260, podrían permanecer ocultos en algún lugar bajo la actual iglesia.

Obispo de Palencia

Las conjeturas en torno a la ubicación de aquel primitivo templo conducen a otras especulaciones. Como las relativas a la supuesta existencia de un obispo enterrado en Kanpantorpea. Desde que un ciudadano atestiguara que durante el transcurso de unas obras en Kanpantorpea apareció un sarcófago conteniendo los restos de un obispo de Palencia, las teorías sobre el origen de este enterramiento no han cesado. El primer motivo de asombro es que tan alta dignidad eclesiástica recibiera sepultura fuera de la iglesia y no en un lugar preeminente cerca del presbiterio. Su sarcófago, si como se cree se halla bajo la torre del campanario, estaría ciertamente fuera de la actual parroquia, pero como apuntaban desde Arrasate Zientzia Elkartea, «no podemos saber si en el momento del enterramiento de este obispo lo que ahora es campanario no sería el interior de aquella primitiva iglesia cuya planta y ubicación exacta ignoramos».

El objetivo científico del sondeo es investigar el origen del poblamiento humano en Arrasate

El robo del anillo

Si encontrar los restos de este antiguo templo constituye un hallazgo sensacional, no lo sería menos dar con el sarcófago del misterioso prelado palentino. En primer lugar porque permitiría confirmar si las especulaciones que ha proliferado en los últimos años. Y en segundo lugar porque arrojaría algo de luz sobre tan misteriosa sepultura. Y además porque permitiría comprobar la veracidad de un chisme bastante inquietante que llegó a oídos de Arrasate Zientzia Elkartea: al parecer, los mismos operarios que en las obras de reurbanización de Kanpantorpea se toparon con el sarcófago del prelado palentino, tuvieron tiempo, antes de echar tierra sobre el asunto, de sustraer el anillo episcopal que portaba el esqueleto, y después de malvenderlo a un perista por una cantidad que rondaría las 40.000 pesetas, se gastaron el dinero en una opípara cena que bien podrían haber dedicado a la memoria del difunto prelado.

Al parecer, algunos operarios robaron el anillo al obispo y con el dinero se fueron a cenar

El nuevo sondeo arqueológico que arrancará esta próxima semana se llevará a cabo justamente delante de la puerta parroquial de Kanpantorpea, en el punto donde se cree que se halla enterrado el sarcófago del obispo palentino. Su búsqueda no figura en absoluto entre los objetivos científicos de la excavación que dirigirá el arqueólogo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi Alfredo Moraza. Pero tampoco se descarta que la investigación que realizará en colaboración con los investigadores de Arrasate Zientzia Elkartea depare alguna sorpresa en este aspecto.

La supuesta presencia de un prelado de Palencia enterrado constituye un enigma que los investigadores de Arrasate Zientzia Elkartea estarían encantados de aclarar. De sus consultas con un catedrático de aquella provincia recibieron la respuestas de que «históricamente podría ser posible» que un prelado de aquella diócesis hubiera sido enterrado en Mondragón.

Lo que nadie conoce es si el obispo en cuestión era un hijo de la villa que alcanzó tal dignidad eclesiástica en la capital castellana y en sus últimas voluntades pidió ser enterrado en la iglesia de su localidad natal. O si el prelado falleció durante el transcurso de una visita pastoral por estas tierras. E incluso se ha aventurado que podría tratarse del obispo que resultó muerto durante el asalto de unos bandoleros cuando viajaba por las estribaciones de Anboto y en cuya memoria se colocó la estela de Ipizte (Ipizteko Harria), cuya denominación corresponde a la deformación de Episcopus Harria.

Excavación de 4,5x45

La segunda campaña arqueológica se desarrollarán en un área de 4,5 por 4,5 metros enclavada frente a la puerta de la iglesia. Esta permanecerá inhabilitada durante los días que duren las excavaciones, y los feligreses podrán acceder al templo por la puerta de Erdiko Kale, donde se ha dispuesto una pasarela para facilitar la accesibilidad.

Los investigadores albergan la esperanza de confirmar los excelentes resultados cosechados en la excavación del año pasado. Moraza y sus colaboradores descubrieron en Kanpantorpea una necrópolis medieval que contenía los restos de una quincena de personas cuyos enterramientos el radiocarbono fechó en el primer tercio del siglo XIII. Es decir, varias décadas antes de la fundación de la villa en 1260.

Además, descubrieron restos de cerámica correspondiente a la Edad de Bronce. Estos se hallaban entremezclados con la tierra de los enterramientos podrían constituir el indicio del asentamiento humano más antiguo hallado hasta la fecha en el casco antiguo. Una localización por otra parte ciertamente benigna para su poblamiento por su orientación mirando al este, abrigado del noroeste por la mole de Udalatx, con el cerro de Santa Bárbara a la espalda y perfectamente abastecida de agua por los ríos Deba y Aramaio.

 

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