Aprendices evoca muchos recuerdos

Veterano. Ignacio Gallastegi, recién cumplidos los 90, es uno de los miles de protagonistas de la historia de la Escuela de Aprendices./K. O.
Veterano. Ignacio Gallastegi, recién cumplidos los 90, es uno de los miles de protagonistas de la historia de la Escuela de Aprendices. / K. O.

La muestra fotográfica hace aflorar historias de veteranos como Ignacio Gallastegi

KEPA OLIDENARRASATE.

El día siguiente a las famosas inundaciones del día de San Agustín de 1942, Ignacio Gallastegi se examinaba para ingresar en la Escuela de Aprendices. La víspera, 28 de agosto, había ayudado en la tienda de su madre Pascuala a salvar el poco género que no se había perdido bajo el metro de agua que había anegado el ultramarino familiar de la calle Maala (más tarde regentado por la familia Karral).

Ignacio tenía a la sazón de 14 años y reducidas posibilidades de ingresar en la Escuela de Aprendices que la Unión Cerrajera había fundado 4 años antes para formar a los hijos de sus empleados. Su padre trabajaba en Elma, un hándicap que Ignacio sorteó gracias a su aplicación y al segundo turno de acceso a Aprendices. «Al examen de ingreso en el primer turno se presentaron 18 aspirantes para las 12 plazas disponibles, pero solo aprobaron 8. A las 4 plazas restantes optamos los que no éramos hijos de empleados y los que sí lo eran pero aún no habían cumplido los 14». Así obtuvieron plaza los que serían los dos primeros de clase en la cuarta promoción de Aprendices: Ignacio Gallastegi y Javier Ortubai, que más tarde figuraría entre los fundadores de Ulgor, aunque abandonó tempranamente el cooperativismo para desarrollar su carrera empresarial en Vitoria.

En aquella promoción les acompañarían «Txomin Berezibar 'Txaparro', Bixente Etxeberria, Anton Leturia, los hermanos José Antonio y Txomin Iza, Satur Jauregi, Jauregi, Javier Urrutia, Javier Ortubai, Ángel Uranga...» y así hasta 12 compañeros durante 4 cursos.

Exposición en Kulturate

La exposición fotográfica sobre la Escuela de Aprendices que Arrasate Zientzia Elkartea mantiene hasta el día 29 en Kulturate, ha desempolvado incontables recuerdos y ha hecho aflorar antiguas historias entre los veteranos protagonistas de la desaparecida Escuela de Aprendices.

No ha faltado a ella Ignacio Gallastegi, que recién cumplidos los 90 años el pasado día 2, conserva una lúcida memoria que le permite poner nombres y apellidos a las cientos de caras que desfilan por este centenar de fotografías históricas.

La tan en boga enseñanza dual que combina práctica y teoría constituía la esencia de la Escuela de Aprendices hace ahora 80 años. Gallastegi recuerda que por las mañana tocaba «darle a la lima en el taller de 8.30 a 12.00 y por la tarde, estudio». La formación académica era rigurosa pero las prácticas aumentaban en exigencia a partir del segundo curso, cuando «nos emparejaron a cada uno con un oficial tornero de la fábrica». A Ignacio le tocó aprender «con Bolinaga, el hermano mayor del pelotari. Era un hombre bueno y paciente». Además les pagaban un pequeño jornal «que nos ingresaban en la cartilla de ahorro».

Ayudando a los rezagados

Gallastegi fue siempre un alumno aplicado y «sacaba las mejores notas en dibujo y en tecnología, con el profesor Markaide». Brillante en todas las asignaturas, Ignacio ejerció de 'profesor' para sus compañeros más rezagados. «En vísperas de exámenes les ayudaba a preparar las materias», recordaba mencionando los nombres de algunos de los beneficiarios de su ayuda.

Lógicamente, la excelente cualificación recibida le granjeó automáticamente un puesto de trabajo en la Unión Cerrajera. Un empleo en la todopoderosa empresa era algo que «todo los jóvenes anhelaban, porque era como un seguro de vida».

Le destinaron a la sección de tornillería a hacer troqueles a las órdenes de su tío Francisco Uribe. El joven Ignacio no tardaría en prosperar y le ascendieron a encargado al lado de su veterano tío. «Pero nada más jubilarse él, abandoné la Cerrajera, después de 24 años, para incorporarme a Fagor Arrasate».

No era el primero ni sería el último que 'desertó' para marcharse a las cooperativas. Una descapitalización humana que la Cerrajera «llevaba muy mal». Gallastegi vivió en primera persona los abandonos especialmente traumáticos de personal tan cualificado como Ormaetxea y Gorroñogoitia para fundar Ulgor en 1956. «El director general, Camilo Basterretxea, no decía nada, pero mostraba a las claras su disgusto».

La Escuela de Aprendices «había sido concebida para nutrir a la Cerrajera de mano de obra cualificada, y aquellos abandonos estaban mal vistos», rememora Gallastegi.

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