Anecdotario del Vasco-Navarro

Inauguración. El ministro de Fomento, Abilio Calderón, y el expresidente Eduardo Dato, a la izquierda y derecha del obispo. /  KUTXA
Inauguración. El ministro de Fomento, Abilio Calderón, y el expresidente Eduardo Dato, a la izquierda y derecha del obispo. / KUTXA

Episodios curiosos y proyectos descabellados rodearon la llegada del tren en 1919 |

KEPA OLIDEN ARRASATE.

En vísperas de la conmemoración del centenario de la inauguración del ferrocarril Vasco-Navarro el 3 de septiembre, la gestación del entrañable tren que vertebró las comunicaciones entre el valle del Deba y Vitoria durante medio siglo (1919-1967) continúa siendo fuente de episodios curiosos y proyectos descabellados a partes iguales. El escritor e investigador Josemari Velez de Mendizabal se hacía eco de algunas de estas anécdotas históricas en su blog Hots Begi Danbolinak desvelando cómo la Unión Cerrajera, harta de esperar a un ferrocarril cuya construcción de demoraba indefinidamente, ideó en 1907 la constitución de una compañía de autobuses y camiones para el transporte de viajeros y mercancías.

No menos curiosa es la historia del prominente caballero vitoriano don Ricardo Buesa, quien en 1919, poco antes de la inauguración del ferrocarril entre Vitoria y Maltzaga, proponía enlazar este con Aramaio construyendo una estación en la vaguada de Auzibar (más arriba de Marín, en el término de Azkoaga) aprovechando que su serpenteante trazado ferroviario se adentraba por territorio alavés. La conexión con esta hipotética estación era no menos quimérica: la construcción de una carretera desde la estación hasta el alto de Kurtzeta, «unos 2.500 metros fáciles».

No es difícil imaginar que el camino iba a ser arduo para que eventuales viajeros aramaioarras accediesen al tren. La idea, decía Velez de Mendizabal, era más viable para el transporte de mercancías que habría que subir hasta Kurtzeta y de ahí a la estación de Auzibar.

Pero en la imaginación febril de este hidalgo vitoriano que andando el tiempo llegaría a alcalde de la ciudad, el proyecto iba incluso más allá. En una carta remitida al alcalde aramaioarra Benito Jauregi en vísperas de la inauguración del ferrocarril el 3 de septiembre de 1919, y que ha desempolvado Velez de Mendizabal, Buesa afirmaba que «Vizcaya podía hacer también otra derivación desde un punto conveniente y salvando Zubero (cerro enclavado en la margen derecha de la vaguada) empalmaría en Ochandiano a su red y Guipúzcoa podía asimismo construir una carretera desde Marulanda por Marin a nuestra carretera. A poco esfuerzo llegaría a ser la estación de Aramayona de las de mejor servicio de la línea y las carreteras indicadas facilitarían las relaciones de la alta Guipúzcoa con toda Vizcaya y ese valle mutuamente con las comarcas indicadas».

El entusiasmo de Buesa es tal que se atreve a rogar al alcalde aramaioarra que «una comisión de la digna corporación que Vd. preside» acuda a Auzibar el día de la inauguración del ferrocarril «llevando dos carteles que podían Vds. hacer sobre unas sábanas, cosiendo letras hechas con tiras de tela de diversos colores y diga uno de los carteles... 'Aramayona a los señores Dato y Calderón. Viva España' y el otro debe decir 'Carretera de aquí a Cruceta. Viva Álava'.

Un acto reivindicativo con el que Buesa les instaba a los aramaioarras a capturar la atención del ministro de Fomento Abilio Calderón y del diputado Eduardo Dato, quien como presidente del Gobierno logró que se reactivaran en 1914 las obras de construcción del ferrocarril que permanecían paradas desde 1889, año en que se inauguró la línea Gasteiz-Leintz Gatzaga.

Los aramaioarras, como era de esperar, dieron largas a la 'invitación' de Buesa, y no consta que se produjera ninguna acción reivindicativa en favor de un proyecto tan descabellado.

Autobuses y camiones

Los 27 largos años que tardó el tren en arribar a Arrasate y Bergara se hicieron eternos para la naciente industria de la época, necesitada de modernos medios de transporte para sus mercancías. La recién fundada Unión Cerrajera barajó en 1907 constituir una sociedad anónima que «explote una línea de automóviles entre la estación de Málzaga y Arlabán, incluyendo Oñate». Los periódicos vitorianos de la época informaban con profusión de este proyecto instigado por los gerifaltes de la Cerrajera con un capital de 80.000 pesetas y acciones a 100 y para el que incluso vinieron un los fabricante de la marca francés Noé Boyer&Cie y de la italiana Fiat con algunos ómnibus de entre 16 y 24 plazas y un camión de 4 toneladas». Se realizaron las correspondientes pruebas para el transporte de viajeros y mercancías con vistas a materializar un negocio que «no podrá menos de resultar bueno», auguraban.

Según las estimaciones realizadas por su promotores, esta compañía podría dar servicio a una población de 27.000 viajeros en la zona del Alto Deba. Pero al final todo este proyecto quedó en agua de borrajas. Al parecer, la Diputación Foral de Araba no veía con buenos ojos el proyecto, y junto con la de Gipuzkoa, apostaban por el ferrocarril. Velez de Mendizabal sospecha que esta operación fue una estratagema o un anzuelo para que los poderes políticos completaran de una vez la construcción del Vasco-Navarro.

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