Diario Vasco

San Sebastián, 16 may (EFE).- José Antonio Urritikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera, era el último gran referente histórico de ETA, un dirigente convertido en la memoria viva de la organización terrorista, desde casi sus inicios hasta su disolución definitiva, a la que él mismo puso el sello.

Urrutikoetxea, nacido en Ugao-Miraballes (Bizkaia) el día de Nochebuena de 1950, ingresó en ETA al final del franquismo, en 1970, año en el que comenzó una andadura de cuatro décadas ligada a la organización terrorista.

Una singladura en la que ha pasado por todos los estamentos posibles: desde la militancia de base hasta la más alta dirección, pasando por la cárcel y también por la actividad política como concejal y representante de la izquierda abertzale en el Parlamento Vasco.

Su ascendencia sobre lo que quedaba de ETA era tal que fue, junto con otra histórica, Soledad Iparragirre, Anboto, quien leyó el comunicado con el que la organización terrorista anunció su definitiva disolución el 3 de mayo de 2018 en la sede del Centro Herni Dunant de Ginebra (Suiza). Su participación se consideró entonces un sello de autenticidad del esperado anuncio.

Urrutikoetxea ha tenido algún papel relevante en todos los intentos de conversaciones o negociaciones entre ETA y los distintos gobiernos españoles, desde Argel en 1989, cuando estaba preso y fue designado uno de los tres reclusos representantes de la banda, hasta los encuentros con el socialista Jesús Eguiguren en Suiza y Noruega en 2005 y 2006, pasando por los contactos con el PNV que derivaron en el pacto de Lizarra en 1998.

Ingresó en ETA a comienzos de 1970 y apenas un año después se trasladó a Francia, donde comenzó a formar parte del aparato militar. Una de las primeras acciones con las que se le relaciona fue el asalto en 1973 a un polvorín de Hernani (Gipuzkoa) en el que se robaron 8.500 kilos de explosivos que fueron utilizados en el asesinato del presidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco ese mismo año.

Al inicio de los años 80 se hizo cargo del aparato internacional de ETA, que entonces dirigía Domingo Iturbe, Txomin, y, tras la detención de éste en 1986, Ternera se convirtió en el máximo jefe de la organización terrorista.

La Audiencia Nacional lo procesó en el sumario de la histórica operación de Sokoa y, finalmente, fue detenido junto con Elena Beloki en Bayona (Francia), el 11 de enero de 1989.

Un año después el Tribunal Correccional de París lo condenó a 10 años de prisión por pertenencia a banda armada, uso de documentación falsa y tenencia ilícita de armas.

El 4 de mayo de 1996, cumplida su condena, fue entregado a España e ingresó en prisión por el sumario de Sokoa, lo que no le impidió resultar elegido parlamentario en 1998 en las listas de Euskal Herritarrok, la marca con la que la izquierda abertzale se presentó a aquellas elecciones un mes después de que ETA declarase una tregua indefinida tras la firma del pacto de Lizarra entre las organizaciones y partidos nacionalistas, incluido el PNV.

En un gesto que concitó una gran polémica, Euskal Herritarrok lo designó miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, que presidía el hoy lehendakari Iñigo Urkullu.

En 2000 salió de prisión y comenzó una nueva etapa de su trayectoria, la política, fuera de la cárcel y de la clandestinidad, aunque su pasado al frente de ETA pesaba demasiado y le volvió a salir al paso, cuando la Fiscalía de la Audiencia Nacional pidió en enero de 2002 que fuera imputado por el atentado de la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en 1987, cometido cando "Ternera" era el máximo dirigente de la organización terrorista.

No compareció a dos citaciones judiciales, huyó y regresó a la clandestinidad, un periodo de 17 años en los que, según diversas fuentes, ha logrado escapar varias veces de las fuerzas de seguridad.

De nuevo reintegrado en ETA, fue uno de los interlocutores de la banda con los enviados del Gobierno, con Jesús Eguiguren a la cabeza, en las conversaciones en Suiza en 2005, auspiciadas por el Centro Henri Dunant.

A Urrutikoetxea, tanto Eguiguren como el exfiscal y exministro socialista Javier Moscoso, quien también participó en los contactos, le atribuyeron un papel más "educado" y conciliador en aquellos encuentros, hasta que fue sustituido por el bronco y duro Francisco Javier López Peña "Thierry", un síntoma de que el proceso languidecía, como se constató con el atentado de la T4 en diciembre de 2006.

En los últimos años, los expertos antiterroristas han otorgado a Josu Ternera un papel más simbólico que ejecutivo -él mismo negó ser dirigente de ETA en sus encuentros con Eguiguren-, al situar en la cúpula a dirigentes de una generación posterior como el recién excarcelado David Plá e Iratxe Sorzabal, que también fueron arrestados.

Con ellos dos viajó Urrutikoetxea a Oslo en 2011, tras el cese de la violencia de ETA, para intentar negociar allí con el Gobierno de Mariano Rajoy la entrega de las armas, pero el Ejecutivo del PP declinó reunirse con ellos y los tres fueron finalmente expulsados por las autoridades noruegas.

El simbolismo de la figura de Urrutikoetxea, el dirigente etarra que ha atraviesa todas las generaciones de la banda, se constató en su elección para poner voz al propio epitafio de ETA, el comunicado de su disolución el 3 de mayo de 2018.