Diario Vasco

San Sebastián, 15 abr (EFE).- "El objetivo de que Balenciaga y su obra fueran reconocidos paso a un segundo término y lo que hubo era un negocio imponente de no sé qué sociedades, dinero, más ampliación y ya no hacer un museo de Balenciaga como se preveía, sino una catedral y eso se llama desmadre".

La portavoz de la Comisión Ejecutiva de la Fundación Balenciaga, María Teresa Cormenzana, ha descrito de esta manera los motivos que le llevaron a dimitir de su cargo en el año 2000, al ser preguntada por este asunto en la quinta sesión del juicio que se sigue en San Sebastián por las presuntas irregularidades en la construcción de este museo.

"Yo sufría mucho y cada reunión salía llorando físicamente porque yo llegué a amar a Balenciaga y a enamorarme y quería que tuviera el reconocimiento de su país", ha recordado esta testigo, quien ha relatado cómo decidió renunciar a su cargo por el ambiente "sospechoso y raro" que rodeaba a un proyecto en el que, según ha dicho, "había un arquitecto que no era arquitecto" y que buscaba "de cualquier manera" un "enchufe" para que "le dieran" un título que no tenía en España.

Una situación que, como ha descrito, se convirtió en una "catástrofe", cuando el principal acusado, el principal impulsor del proyecto Mariano Camio (PNV), quiso "dar un juguete muy caro a Julián Argilagos", el arquitecto cubano con el que presuntamente mantenía una relación sentimental y que no tenía su título convalidado en nuestro país.

"Los elefantes blancos que se los pague cada uno", ha sentenciado Cormenzana, antes de lamentarse por el hecho de que el proyecto se convirtiera en "una cosa que nada tenía que ver" con la idea por la que ella "había luchado".

"Se desvió el asunto y yo tenía miedo. Era como una bola de nieve que yo veía que se estaba haciendo y un tsunami que yo no quería que me alcanzara", ha descrito esta mujer antes de explicar cómo dirigió una carta "de despedida" a Camio en la que le dijo que "quería dimitir", algo que no obstante aún no le pareció "suficiente" porque preveía que el escándalo "iba a ser la monda".

"Se veía venir y dije: que no me pille, y fui a un notario e hice una renuncia notarial", ha insistido esta mujer quien ha mantenido que, aunque renunció ya en el año 2000, tenía que haberse "marchado antes".

Tras concluir su declaración, la testigo, que ha acudido a la cita provista de numerosa documentación que se ha mostrado dispuesta a aportar al procedimiento, ha protagonizado la anécdota de la jornada al dirigirse a Mariano Camio, que ocupaba el banquillo de los acusados junto al arquitecto también procesado Rolando Paciel.

"Bueno, lo siento mucho, Mariano", ha dicho al exalcalde de Getaria, quien visiblemente airado le ha respondido: "lo has hecho muy mal". "Para ti, claro... he dicho la verdad", ha zanjado Cormenzana.