Diario Vasco

San Sebastián, 15 abr (EFE).- Gregory Peck fue el primer Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián, un galardón creado por Diego Galán en su estreno como director del certamen. Se abría así una larga lista de destacados nombres del "star system" a la que él contribuyó con algunas leyendas.

Pero hubo un actor a quien admiraba y que no consiguió que visitara el Zinemaldia, una ausencia que le sirvió para titular "Jack Lemmon nunca cenó aquí", el libro acerca de su paso por el festival que tanto volverá a ser recordado ahora que la ausencia definitiva será la suya, tras fallecer este lunes en Madrid a los 72 años.

Diego Galán estuvo al frente del certamen donostiarra en dos etapas, de 1986 a 1989 y de 1995 a 2000. Llegó para revitalizar un certamen en horas bajas, que tras una edición de escaso interés en 1984 había pasado en 1985 a manos de un consejo provisional de cuatro directores, de cuyo equipo el periodista, crítico y realizador de cine formaba parte como asesor.

Con él, el Festival volvió a reintergrarse, tras un periodo de prueba de dos años, en la categoría A de los certámenes cinematográficos internacionales, dispuesto a iniciar su consolidación.

Cuando publicó "50 años de rodaje", el gran volumen con el que el Zinemaldia celebró su medio siglo en 2002, tomó distancia de los años en que él fue el máximo responsable y reconocía que en esa primera edición de 1986, aunque se hablaba de un Festival "recuperado", "ni la calidad media de las películas ni la escasa presencia de sus autores fueron satisfactorias".

Glenn Ford (1987) y Vittorio Gassman (1988) fueron los siguientes premios Donostia que se entregaron en la primera etapa Galán, a la que puso fin con el concedido en 1989 a Bette Davis, que lo recogió pocos días antes de morir en París víctima del cáncer y que, según Galán, "dio una lección de profesionalidad durante su estancia en la ciudad".

Había sido una buena edición, pero el Festival se sumergió en una nueva crisis y Diego Galán hizo pública su dimisión en la noche de la clausura.

Nuevos vaivenes le hicieron regresar a la dirección en 1995, el año del Premio Donostia para Susan Sarandon y Catherine Deneuve, y la edición en la que "Leaving Las Vegas", de Mike Figgis, y "Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto", de Agustín Díaz Yanes, gustaron más a la crítica que la ganadora de la Concha de Oro, la canadiense "Margaret's Museum", de Mort Ransen.

Al Pacino (1996), Michael Douglas, Jeremy Irons y Jeanne Moreau (1997), John Malkovich y Anthony Hopkins (1998), Fernando Fernán-Gómez, Vanessa Redgrave y Anjelica Huston (1999) fueron los siguientes logros de Galán para el Donostia, que coronó en 2000 con dos pesos fuertes, el británico Michael Caine y el estadounidense Robert de Niro, que decepcionó al público con un más que escueto discurso.

Meses antes de la edición de 2000, la número 48, Galán ya había expresado su deseo de dejar el cargo para la siguiente, aunque seguiría vinculado al certamen.

"Desde que llegué, el Festival ha cambiado mucho, desde la aceptación internacional a la de la ciudadanía, aunque habrá habido ediciones mejores o peores. Antes se hablaba de cuándo se iba a consolidar y ahora ésa ya no es la pregunta obligada", dijo entonces en una entrevista con EFE.

Diego Galán fue director del Festival de San Sebastián durante una década, pero se sabía su historia entera, desde los años ligados al Régimen y por ende a la censura, esas primeras ediciones en las que el cine se alternaba con novilladas y concursos de tiro al pichón, en las que se colaron también escándalos, dando por ganadoras a películas no votadas por el jurado y rumores de traslado del Festival a Baleares.

Su colección de anécdotas era inmensa. Contaba que cuando Robert Mitchum visitó en 1993 el Zinemaldia para recoger el premio Donostia quiso ir al casco viejo a cenar. Al llegar "volaban los tortazos" de los violentos de la "kale borroka" y al salir todo estaba en calma. "¿Estaba antes borracho o lo estoy ahora?", se preguntó el actor.