Diario Vasco

Nuakchot, 1 ago (EFE).- El nuevo presidente de Mauritania, Mohamed uld Cheikh El Ghazouani, ganador de las elecciones del pasado 22 de junio, prometió hoy en la ceremonia de su investidura salvaguardar la unidad nacional del país.

La ceremonia se celebró en el Palacio de Congresos, a unos 15 kilómetros de Nuakchot, en un acto solemne, según pudo constatar Efe en el lugar.

Ghazouani prestó el juramento antes de ser proclamado presidente de la República por el presidente del Consejo Constitucional, Diallo Mamadou Bathia.

Además del presidente saliente, Mohamed uld Abdel Aziz, en el acto estuvieron presentes una decena de jefes de Estados africanos, además del presidente del Gobierno marroquí, Saadin Otmani, el primer ministro argelino, Nuredin Bedoui, y el ministro de Exteriores de España, Josep Borrell.

El nuevo presidente ganó las elecciones en la primera vuelta con un 52 % de los votos emitidos, por delante de otros cinco candidatos.

En el discurso de investidura, Ghazouani se comprometió a proteger la unidad nacional, fuente de problemas sociales en un país donde conviven una diversidad de etnias arabo-bereberes y africanas.

Además, Ghazouani se comprometió a preservar la religión islámica, un asunto "intocable" para la gran mayoría del pueblo mauritano.

Asimismo, el nuevo presidente expresó su intención de prestar "mayor atención a los grupos vulnerables y a los que han sufrido históricamente todo tipo de marginación".

Intensos programas e intervenciones con objetivos precisos se pondrán en marcha para eliminar "las huellas del subdesarrollo" entre la población más desprotegida, aseveró el nuevo presidente.

Prometió también seguir el esfuerzo de mejorar el profesionalismo de las fuerzas armadas y de los efectivos de seguridad.

Por su parte, su predecesor Abdel Aziz subrayó que el PIB creció en Mauritania un 50 % durante su mandato entre 2009 y 2019, y añadió que las reservas del país en divisas cubren actualmente algo más que siete meses de importación de bienes y servicios, mientras que no superaban un mes y medio en 2009.

En su nuevo puesto, Ghazouani (de 63 años de edad, casado y padre de cinco hijos) sucede a su amigo y compañero de carrera militar, el expresidente Abdel Aziz, que venía dirigiendo el país desde agosto de 2008.

Llegado al poder con un golpe de Estado, Abdel Aziz organizó posteriormente elecciones presidenciales que ganó en dos ocasiones consecutivas, lo máximo que permite la Constitución mauritana.

Ghazouani y Abdel Aziz han trenzado una alianza basada en la amistad que les une desde que coincidieron como estudiantes en la Academia Militar de Meknés (Marruecos).

El acto de mayor lealtad de Ghazouani para con su amigo fue su gestión del país durante 45 días en que ejerció como presidente interino en 2012 después de que Aziz tuviera que hospitalizarse en Francia tras un confuso incidente en que resultó herido de bala en el abdomen y que fue presentado como fortuito.

Una lealtad que fue recompensada puesto que Abdel Aziz, consciente de que era imposible desde el punto de vista constitucional repetir un tercer mandato, escogió a su amigo más cercano para sustituirle.

Entonces anunció en público su apoyo al entonces general de división, quien llevaba muchos años como comandante en jefe del Ejército, antes de anunciar su jubilación para presentarse a las presidenciales.

Abdel Aziz puso entonces todo el peso político que tiene y el del Estado para propiciar la victoria de Ghazouani: participó en la proclamación de su candidatura, en la apertura de su campaña electoral y la autoproclamación de su victoria antes incluso del anuncio oficial de los resultados por la Comisión Electoral del país.

Una fuerte implicación que ha hecho que los observadores concluyesen que el presidente entrante no es sino la sombra del saliente.

Ahora queda por saber ¿qué será ahora de Abdel Aziz? ¿Habrá una ruptura en el estilo de gestión, un nuevo reparto de poder en el centro de decisión o una continuidad absoluta?

Unas preguntas cuyas respuestas solo las sabrá el nuevo presidente, un hombre reservado y discreto en su vida privada.