Diario Vasco

Madrid, 1 ago (EFE).- El líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha vuelto a sacar el comodín de la "vía portuguesa" para intentar sacar adelante su investidura después de haber fracasado la intención de llegar a un acuerdo de coalición con Unidas Podemos, con el que el presidente del Gobierno en funciones no parecía muy cómodo.

De momento, la fórmula portuguesa ha sido rechazada por el partido de Pablo Iglesias, que lo ve como un nuevo intento del PSOE de conseguir gratis los apoyos que necesita para retener la Moncloa y "acaparar el cien por cien del poder" sin negociar nada, como cree el secretario de Acción de Gobierno de la formación, Pablo Echenique.

Pese al portazo del partido morado, Sánchez ha vuelto a la carga con el modelo portugués y lo primero que ha hecho es empezar a reunirse con colectivos y asociaciones de todo tipo -hoy con mujeres- para tratar de hacer claudicar a Podemos y que apoye finalmente un ejecutivo socialista antes del 23 de septiembre, que es cuando se disolverían otra vez las Cortes si no hay investidura.

Apoyos que el secretario general socialista quiere que sean desde fuera, poniendo sobre la mesa la llamada "vía portuguesa" como un ejemplo de éxito y estabilidad, aunque hay que tener en cuenta que en Portugal no existen partidos nacionalistas o independentistas y tampoco de extrema derecha.

Este modelo luso se puso en marcha tras las elecciones de 2015, que ganó la coalición conservadora liderada por Pedro Passos Coelho rozando la mayoría absoluta; sin embargo, su gobierno apenas duró diez días porque fue derribado por una moción de censura de una alianza de izquierdas.

Alianza que lideró el socialista Antonio Costa, la segunda fuerza más votada con 85 diputados, junto al Partido Comunista (PCP) y el Bloque de Izquierda (BE) y Los Verdes, que lograron sumar 122 de los 230 escaños del Parlamento luso.

Estas cuatro fuerzas dejaron a un lado sus diferencias para consensuar un programa común que incluía el aumento del salario mínimo, recuperación del sueldo de los funcionarios, el fin de las privatizaciones, subida de pensiones, medidas contra el desempleo o el aumento de la inversión en salud y educación.

Bautizado despectivamente como "geringonça" (chapuza en portugués), este pacto inédito en la política lusa ha dado lugar a una de las legislaturas más estables de las últimas décadas, con un gobierno en solitario de Costas, pero que se ha mantenido gracias a los apoyos parlamentarios de sus socios a cambio del cumplimiento de las medidas pactadas.

A punto de concluir su mandato, las encuestas dan como favorito a Costas para las elecciones de octubre, que puede presumir de haber dado la vuelta a muchos de los indicadores negativos de la economía de Portugal hasta el punto de que la "troika" de la Unión Europea, que intervino el país durante la última crisis mundial, habla ahora de "milagro portugués".

Este modelo político es muy similar al que ha echado a andar en Dinamarca después de que el mes pasado la socialdemócrata Mette Frederiksen se convirtiera en primera ministra, al llegar a un acuerdo con otras tres fuerzas de centroizquierda para gobernar en solitario.

Con 48 de los 179 escaños del Parlamento, Frederiksen tiene el respaldo del Partido Popular Socialista, la rojiverde Lista Unitaria y el Partido Liberal.

Las cuatro formaciones han consensuado un pacto que no introduce grandes reformas respecto a la línea del anterior Ejecutivo conservador de Lars Løkke Rasmussen, aunque sí compromisos más ambiciosos en el área climática, más inversión en bienestar social y algún retoque a la dura política migratoria.