Diario Vasco

Madrid, 1 ago (EFE).- Las negociaciones entre PP, Ciudadanos y Vox para investir como presidenta de la Comunidad de Madrid a la popular Isabel Díaz Ayuso han culminado este jueves, 67 días después de las elecciones autonómicas del 26 de mayo y tras haber quedado estancadas en varios momentos.

Aunque en la noche del 26 de mayo Ayuso se veía ya cerca de la Puerta del Sol, ha tenido que trabajarse la investidura durante más de dos meses, ejerciendo un papel de mediadora entre Vox y Ciudadanos, cuyas desavenencias han marcado el proceso de negociación.

La distancia entre estas formaciones quedó patente en los primeros días tras las elecciones, cuando Vox especulaba con su entrada en el Gobierno y Ciudadanos no sólo lo rechazaba, sino que dejaba claro que sólo se reuniría con el partido de Santiago Abascal para informarle de los pactos a los llegase con el PP.

A principios de junio, Ayuso mantuvo sus primeras reuniones (por separado) con los candidatos de Ciudadanos, Ignacio Aguado, y Vox, Rocío Monasterio, que pidió sentarse en una mesa a negociar con todos.

Más complicado fue romper el hielo entre Aguado y Monasterio. Lo hicieron con un ya célebre "café secreto" en un hotel madrileño, encuentro celebrado un domingo sin previo aviso a los medios de comunicación, a dos días de la sesión constitutiva de la Asamblea de Madrid.

EL PRIMER ACUERDO

Precisamente en esta puesta de largo de la legislatura se produjo un prometedor primer entendimiento entre las tres formaciones, que se repartieron cinco de los siete puestos de la Mesa del Parlamento regional: dos para el PP, dos para Ciudadanos (incluida la Presidencia, que recayó en Juan Trinidad) y uno para Vox.

Aguado confirmó haberse reunido con Monasterio minutos antes de ese pleno, pero encuadró el encuentro en "la cortesía parlamentaria" y desmintió el pacto para repartir la Mesa.

Justo al terminar la sesión, Vox anunció la firma de un preacuerdo con el PP, que lo negó y prefirió hablar de "documento interno aséptico".

TEXTOS CRUZADOS

Los días siguientes los protagonizó la constitución del Ayuntamiento de Madrid, que obstruyó las negociaciones autonómicas, puesto que Vox suspendió los contactos con el PP para presionar al nuevo alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, y exigirle entrar en el reparto de concejalías.

El 26 de junio, Vox ofreció firmar "un programa único" de gobierno con determinadas exigencias polémicas, como derogar artículos de las leyes LTGBI de la Comunidad de Madrid.

El presidente de la Asamblea de Madrid, Juan Trinidad, convocó dos rondas de contactos con los grupos parlamentarios a principios de julio, la segunda tras el pacto suscrito el día 8 entre el PP y Ciudadanos para gobernar en coalición con 155 medidas.

Vox condicionó su apoyo al PP a un acuerdo de mínimos a tres bandas que incluyera a Ciudadanos, pero ante la falta de acuerdo Trinidad convocó un pleno de investidura sin candidato el 10 de julio.

PLENO INSÓLITO Y PARÓN

En la víspera del pleno se celebró la única reunión a tres bandas que ha trascendido en todo este proceso, convocada por Aguado para intentar salvar 'in extremis' la investidura de Ayuso.

La situación no cambió, así que al término del insólito pleno sin candidato del 10 de julio comenzó la cuenta atrás de dos meses para la convocatoria de nuevas elecciones si en ese tiempo no prosperaba ninguna investidura.

El anuncio de un pacto de investidura entre PP, Cs y Vox en Murcia, el 19 de julio, marcó el camino a seguir en Madrid, pero la investidura fallida de Pedro Sánchez dilató de nuevo todos los plazos.

DOS FOLIOS PARA UN GOBIERNO

Desde el 24 de julio, las negociaciones dependían de la aceptación de dos folios, los del documento propuesto por el PP, que rebajaba y eliminaba algunas exigencias planteadas por Vox.

Este mismo documento ha evolucionado hasta convertirse en la propuesta definitiva presentada por Vox este jueves.

De por medio, un esperpéntico episodio: el pasado viernes, Ayuso convocó a Monasterio y Aguado a una reunión en la Asamblea, pero el segundo no acudió y se quedó desayunando en la cafetería de la Cámara. Las otras dos portavoces, reunidas a pocos metros, decidieron plantarse en la cafetería, donde se limitaron a cruzar un escueto saludo con Aguado, que abandonó de inmediato la estancia.

Al final, este incidente quedará en anécdota, ya que tras 67 días de tira y afloja los tres partidos han aparcado sus aparentes diferencias y han desbloqueado la investidura de Ayuso, a la que sólo le falta la fecha.