Diario Vasco

Taipéi, 1 ago (EFE).- Miles de años antes de que los marineros portugueses avistaran la isla y la llamaran ?Ilha Formosa? por su vegetación y belleza en el siglo XVI, los aborígenes ya habitaban sus llanuras y montañas.

De ahí que, durante décadas, el régimen de Taipéi los considerara 'shanbao', compatriotas de las montañas, una denominación que se logró cambiar en la Constitución de la isla por la de 'yuanzhumin', o pobladores originarios de la tierra.

Por eso este jueves Taiwán celebró el vigésimo quinto aniversario de aquel reconocimiento constitucional en el llamado Día de los Pueblos Indígenas, que también se conmemora con conciertos y exposiciones durante los próximos días.

Con motivo de la efeméride, se desarrolló un foro sobre los diez años de lucha de los movimientos aborígenes por dignificar la figura de los pueblos preexistentes en la sociedad taiwanesa, aunque sus agravios se remontan a mucho antes.

De origen austronesio y de religión mayoritariamente cristiana, los pueblos indígenas tuvieron que soportar el hostigamiento e intentos de dominio de holandeses, españoles, chinos venidos de la parte continental y japoneses con mayor o menor éxito en distintas etapas de su historia en los últimos cuatro siglos.

Este conflicto se presenta de forma épica en la película ?Los guerreros del arco iris?, del director taiwanés Wei Te-sheng, basada en el llamado 'Incidente de Wushe', cuando trescientos guerreros del pueblo seediq se sublevaron contra los japoneses en 1930 para defender sus zonas de caza y rendir tributo a los espíritus de sus antepasados.

En la actualidad, están oficialmente reconocidos dieciséis pueblos indígenas. Otros grupos, como es el caso de los ?pingpu?, están pendientes de aprobación ante el debate surgido por las reticencias de algunos legisladores de equipararlos con los ya existentes, según la prensa local.

Desde el actual Gobierno taiwanés se ha tratado de complacer a los aborígenes, quienes desde 2005 cuentan con 6 de los 113 diputados de la cámara legislativa, y que tradicionalmente han sido del partido nacionalista y actualmente opositor Kuomintang.

Así, en 2016, la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, pidió perdón a los aborígenes ?por el dolor e injusto trato sufrido? en los pasados cuatrocientos años.

Con las próximas elecciones previstas para 2020, Tsai, del independentista Partido Democrático Progresista, buscará también el apoyo a su reelección también de este sector de la sociedad taiwanesa, que representa un 2,5 % de la misma, con poco más de 550.000 personas, según datos del Ministerio de Interior.

Este jueves, durante su discurso en la ceremonia de inauguración del citado foro, Tsai expresó su deseo de que los aborígenes se conviertan en ?memoria común? de todos los taiwaneses no solo para ?revisar la historia?, sino para ?mirar al futuro?.

Aunque ésta no es una preocupación exclusiva de la mandataria taiwanesa.

"A partir de los años 90, el Gobierno está sensibilizado con la importancia de proteger la cultura aborigen y procura ayudarles a conservar sus costumbres, sus tradiciones, sus lenguas y su cultura", asegura a Efe la decana de Asuntos Internacionales de la Universidad de Tamkang, Lucía Chen.

En 1996, el Yuan Legislativo (la cámara taiwanesa) aprobó la creación del Consejo de Asuntos Aborígenes, en la actualidad denominado Consejo de los Pueblos Indígenas, encargado de coordinar a nivel ministerial los asuntos de estos colectivos.

Y en 2007 se constituyó la Fundación Cultural de los Pueblos Indígenas, que gestiona el canal de televisión TITV y de radio Alian 96.3 para dar a conocer las distintas culturas indígenas.

Pero, a pesar de los muchos esfuerzos y avances realizados en la protección de los derechos de los aborígenes y en las políticas de discriminación positiva como ayudas a la educación o a la vivienda, todavía quedan retos pendientes.

Entre estos, el desarrollo económico de las comunidades indígenas, el derecho a la tierra, la protección medioambiental de los espacios en los que viven o su integración plena como ciudadanos de primera.