Diario Vasco

Madrid, 14 jul (EFE).- Hace pocos días la Guardia Civil desmanteló en Las Chafarinas una "guardería marítima" de la droga, en un santuario en el que los "piratas" del narco se creían a salvo. Lejos de eso, los agentes dieron con él en una operación que ha dejado bajo mínimos la logística de los narcotraficantes del Estrecho.

Fue en la operación Karsana (pirata en árabe), ejecutada por la Guardia Civil en un difícil operativo planificado al detalle, con la intervención de 150 agentes de varias unidades del cuerpo y que se saldó con la detención de seis personas, todas ellas de origen marroquí y para quien el juez ya ordenó el ingreso en prisión.

Desde el buque de altura "Río Segura" del instituto armado, hasta aviones de ala fija, helicópteros y diferentes embarcaciones intervinieron en la operación donde, según han resaltado a Efe fuentes de la Guardia Civil, se primó la seguridad de los agentes y de los "malos" por encima de la eficacia.

Porque los diseñadores del operativo (la Comandancia de la Guardia Civil en Melilla y los organismos de coordinación contra el narcotráfico OCON-Sur y CCON-Sur), enmarcado en el plan Carteia de lucha contra el tráfico de drogas, tenían claro que la ejecución no debía causar muertes.

Tres islas conforman Las Chafarinas, ubicadas a unas 27 millas náuticas de Melilla: la Rey Francisco, Isabel II y Congreso. Donde llegaron a habitar 3.000 personas, hoy solo existe en la segunda de ellas un destacamento militar. Precisamente, el Estado Mayor de la Defensa ha colaborado en la operación.

Hace meses que la Guardia Civil venía observando la presencia en las islas de embarcaciones. A apenas 50 metros de distancia a tierra, una de ellas quedaba anclaba y desde esta se unían en cadena unas a otras con cables, formando una plataforma que resultó ser lo que los investigadores llaman una "guardería marítima".

Su número iba variando, desde las once narcolanchas que se llegaron a avistar hasta las cuatro que fueron intervenidas en la operación, todas ellas neumáticas-semirrígidas de diferentes esloras y motores. Una de ellas huyó, pero se enganchó en una piedra y quedó inutilizada.

La presión policial, que se ha intensificado en el último año, ha obligado a los narcos a cambiar sus hábitos. Hasta el verano pasado, botaban por la noche las narcolanchas en San Roque o en La Línea de la Concepción (en Cádiz) y navegaban hasta Marruecos para cargar el hachís y volver a continuación.

Pero desde hace unos meses Las Chafarinas se han ido convirtiendo en la guarida de la logística de los narcos. Al abrigo del oleaje y del viento, tanto de Levante como de Poniente, las embarcaciones, según pudieron constatar los investigadores, partían sobre las 5 ó las 6 de la mañana y volvían al atardecer o ya entrada la noche.

En la plataforma que habían formado con las narcolanchas vivían los detenidos, tanto en verano como en invierno, con tiendas de campaña, incluso, y comida suficiente. La tripulación cambiaba cada cierto tiempo dadas las duras condiciones en las que vivían. "Días y días en el mar es duro", recalcan a Efe fuentes de la investigación.

Su cometido era llevar la droga desde Marruecos hasta un punto "seguro" en alta mar para descargarlo en buques que señalaba la organización criminal. También servían para llevar a esos buques combustible, víveres o mecánicos.

A veces, prosiguen las fuentes consultadas, realizaban amagos de salidas sin misión concreta solo para comprobar si había presencia de Guardia Civil.

En suma, toda una logística a la que el instituto armado ha golpeado, con el consiguiente daño económico que ha causado a los narcos.

Porque, además, desde la prohibición por ley de las narcolanchas, éstas se han encarecido y cada vez les cuesta más conseguirlas, ya que tienen que irse fuera de España para adquirirlas o acudir el mercado clandestino, lo que sube el precio.

Las fuentes recuerdan que cada motor (algunas tienen 3 ó 4) tiene un coste medio de 40.000 euros y cada embarcación entre 200.000 y 250.000.

Además, si antes las "guarderías" de las lanchas eran "medio legales", la presión policial ha obligado a las organizaciones a ocultarlas, incluso a muchas millas de la costa. Permanecen mucho tiempo en el mar, lo que favorece su huida. Pero tiene desventajas, ya que sufren más averías y gastan más combustible.

Con el análisis de la información obtenida, la Guardia Civil decidió actuar. Tras alrededor de 26 horas embarcados, los agentes intervinieron en torno a las 3.30 horas de la madrugada del día elegido. Se acercaron despacio, sorprendieron a los marroquíes, les detuvieron sin incidentes e incautaron las lanchas.

Ha sido un golpe importante para la logística de los narcos, han reiterado las fuentes. Un golpe a un negocio que mueve mucho dinero y que paga bien.

Porque un piloto de narcolancha puede cobrar entre 30.000 y 50.000 euros por viaje y un "gepero", como se llama en el argot al encargado de la navegación, entre 20.000 y 40.000.

En el tercer escalón está el "garantía", generalmente un marroquí que pone la organización criminal en Marruecos cuya misión es garantizar que toda la mercancía que sale, llega.

Al marinero le suelen pagar entre 10.000 y 15.000 euros por viaje y al "punto" o "aguador", un joven que da el agua, es decir, avisa de la presencia policial, puede ganar 600 euros cada noche con un móvil de usar y tirar.

Pero los golpes policiales -solo la Guardia Civil ha detenido a 1.500 personas desde septiembre pasado- está tocando la "economía" de todos los escalones. Hasta el punto de que un miembros del nivel más bajo de la cadena llegó a decir a un investigador que había pasado de tomar Moët Chandon en un reservado de la discoteca a "botellona" en el parque. EFE