Diario Vasco

Saint-Etienne , 13 jul .- Julien Alaphilippe vestirá el amarillo el día de la fiesta nacional francesa y Thibaut Pinot liderará el grupo de los favoritos. Francia se apresta a vivir un 14 de julio lleno de esperanzas.

Mientras Alaphilippe parece animar la etapa sin auténticas ambiciones por la general, Pinot aparece como un candidato serio al triunfo, el mejor situado de entre quienes optan a subir al podium de París. Treinta y cuatro años después del último triunfo francés en su carrera, el ciclismo galo vuelve a soñar.

"Será un orgullo salir de amarillo el día de la fiesta nacional", aseguró Alaphilippe tras haber recuperado el jersey de líder en Saint-Etienne, dos días de haberlo cedido en La Planche des Belles Filles al italiano Giulio Ciccone por las bonificaciones.

El ataque del ciclista del Deceuninck era esperado, pero no por ello deja de sorprender su estado de forma, capaz de contrarrestar a los favoritos en una edición que parece menos controlada que en el pasado.

"He hecho lo que me gusta, ser ofensivo. No tenía nada que perder. Sé que no voy a ganar el Tour y que la etapa estaba muy complicada. Pero había una opción de recuperar el maillot amarillo y no quería dejarla escapar sin intentarlo", señaló.

A Alaphilippe le gusta el riesgo y en ese final se jugó el todo por el todo para vivir un día de gloria. "No tengo una presión particular, el amarillo más que presión me da el impulso de mucha gente y es algo maravilloso", señaló el francés, que espera conservarlo varios días.

A su rueda solo fue Thibaut Pinot, un compatriota que gracias a la renta de 20 segundos en la meta y a las bonificaciones acabó la jornada tercero de la general, pero como el mejor de entre los favoritos.

El ciclista del Groupama tiene ahora una renta de 19 segundos con respecto al británico Geraint Thomas, defensor del título, de 23 con el colombiano Egan Bernal, de 45 sobre su compatriota Rigoberto Urán, de 1.11 con Nairo Quintana y de 1.13 con el español Mikel Landa.

"Desde anoche estaba convencido de que Julien atacaría en el último puerto, así que estaba atento. Me ha costado seguirle en el descenso, pero creo que luego hemos colaborado bien. Es una pena que no hayamos podido lograr la etapa", señaló.

Pinot ha optado por la táctica de la serenidad. El francés sabe que ahora pesan sobre sus hombros buena parte de las esperanzas del país, después de que Romain Bardet haya perdido ya más de 3 minutos en la general.

Pero esa responsabilidad parece no pesarle al ciclista del Groupama, que esta temporada renunció a competir en el mes de abril, su momento predilecto de la temporada, para llegar más fresco al Tour.

"Estoy en una gran forma, pero quedan dos semanas. La única presión que siento es la que me pongo yo, que no quiero decepcionar a mis compañeros que se están dejando la piel por mi", comentó.

Pinot superó la exigencia que tenía hace unos días en La Planche des Belles Filles, cuando corría delante de sus paisanos y parece haber encontrado la necesidad necesaria para afrontar un Tour con todo un país a sus espaldas.

"Cuando empecé en esto lo que quería era ganar etapas en las tres grandes vueltas y en Lombardía. Ya lo he conseguido. Ahora estoy en este Tour para hacerlo lo mejor posible, pero sin presión", indicó.

Pero promete competir hasta el final en una edición que se anuncia grandiosa para los escaladores, con muchos kilómetros por encima de los 2.000 metros, donde su organismo parece reaccionar bien.

"No va a ser fácil lo que queda. Tenemos que seguir con esta actitud. Si me hubieran dicho que estaría tercero a estas alturas, no me lo hubiera creído. Pero falta mucho y el objetivo está en París", indicó.

Mañana rodará con una sonrisa en los labios y, seguramente, aclamado por más compatriotas que, mientras festejan su 14 de julio, se asomarán a las cunetas del Tour con la esperanza de apreciar a dos ciclistas que les han devuelto la esperanza.