Diario Vasco

Bangkok, 14 jun (EFE).- La Policía tailandesa presentó hoy cargos de tráfico humano contra el capitán tailandés y cinco tripulantes birmanos del barco con 65 musulmanes rohinyás que quedó varado esta semana en una isla en el sur de Tailandia, indicaron fuentes policiales.

"De momento, el capitán tailandés y otros cinco birmanos han sido acusados de tráfico humano de inmigrantes", indicó a Efe Supawat Thapkliew, jefe de la Policía en la provincia meridional de Satun.

Los 65 rohinyás y los seis tripulantes, entre los que había 31 mujeres, 29 hombres y cinco menores, fueron encontrados el pasado martes en la isla de Rawi en el Parque National de Tarutao.

Supawat afirmó que el capitán, Sangkom Paphan, confesó en parte su culpabilidad, al tiempo que indicó que la Policía tiene que investigar más para averiguar quiénes son los responsables del barco.

Según el responsable policial, la embarcación procedía de la provincia de Ranong, junto a la frontera birmana, y se dirigía a un "tercer país", que aún no han podido identificar.

Supawat explicó que, tras la investigación policial, los rohinyás serán puestos bajo la protección del Ministerio de Desarrollo Social.

"Tratamos de cuidarlos lo mejor que podemos porque no han hecho nada malo", dijo el jefe policial en referencia a los rohinyás, una minoría sometida a discriminación en Birmania (Myanmar).

La organización defensora para los derechos humanos Fortify Rights reclamó el miércoles pasado a las autoridades protección para los rohinyás y que no les vuelva a dejar reanudar el viaje marítimo, como han permitido en otras ocasiones anteriores.

"Si estos rohinyás vinieron de Birmania o de los campos en Bangladés, son refugiados y tienen derecho a la protección", apuntó Matthew Smith, director ejecutivo de la oenegé.

Los migrantes indocumentados rohinyás utilizan la bahía de Bengala y el mar de Andamán como ruta marítima para entrar en otros países del continente para huir de la discriminación en Birmania y en busca de mejores oportunidades de vida.

En 2015, barcos con miles de rohinyás y bangladesíes se quedaron a la deriva en el golfo de Bengala y el mar de Andamán después de que Tailandia, Malasia e Indonesia se negaran a recibirlos.

Las autoridades tailandesas desarticularon entonces una red que traficaba con miembros de esa minoría, mientras que Kuala Lumpur y Yakarta finalmente recibieron a unos 3.000 rohinyás y bangladesíes de los barcos.

La situación de los rohinyás empeoró en 2017, cuando una operación militar en el estado Rakáin, en el oeste de Birmania, provocó miles de muertos y el éxodo en los siguientes meses de 725.000 miembros de esta minoría musulmana a la vecina Bangladés.

La campaña militar se produjo tras un ataque coordinado de rebeldes del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA) contra varios puestos policiales.

Mientras que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos calificó de "limpieza étnica" con indicios de "genocidio" las operaciones del Ejército, el Gobierno de la nobel de la paz Aung San Suu Kyi culpó a los "terroristas" rohinyás de la crisis y negó las acusaciones de abusos.