Diario Vasco

Sao Paulo, 14 jun (EFECOM).- La huelga general convocada en Brasil por los sindicatos contra la reforma de las pensiones propuesta por el Gobierno tuvo un apoyo parcial en las primeras horas de este viernes en diversas capitales del país.

En decenas de ciudades se registraron protestas y paralizaciones en los servicios públicos, pero la huelga no obtuvo la adhesión esperada a primera hora de la mañana y los trastornos a los ciudadanos fueron puntuales.

Sao Paulo amaneció en un clima de cierta normalidad, ya que el transporte, considerado fundamental por los sindicatos para el éxito de la huelga, no llegó a parar por completo en la ciudad más poblada del país.

El metro y el servicio de autobús funcionaban a medio gas en la capital paulista, mientras que el tren no había sufrido trastornos.

La situación era similar en otras ciudades del país, como Río de Janeiro, donde manifestaciones puntuales bloquearon algunos tramos de carreteras e intensificaron el tráfico en la capital fluminense.

La huelga, que de momento contaba con una baja adhesión, coincide con el inicio de la Copa América de fútbol, torneo que comenzará en el estadio Morumbi de la capital paulista con el partido entre Brasil y Bolivia.

Los sindicatos llamaron al paro para expresar su rechazo a la reforma del sistema de pensiones y jubilaciones propuesta por el Gobierno de Jair Bolsonaro y con la que busca ahorrar 265.000 millones de dólares en una década a las arcas públicas.

El proyecto es discutido en el Congreso brasileño, donde deberá recorrer un arduo camino para su aprobación definitiva, que el Ejecutivo confía en que sea todavía este año.

Además de la reforma, la huelga reúne bajo su paraguas otras demandas, como el rechazo a los recortes en educación anunciados recientemente por el Gobierno y los elevados índices de desempleo persistentes en una economía que no acaba de despegar tras la histórica recesión de 2015 y 2016.

La paralización constituye el primer pulso de los sindicatos contra el ultraderechista Bolsonaro, que lleva cinco meses y medio en el poder salpicado por diversos escándalos y gestiona un país al borde de la recesión.

La economía brasileña creció un tímido un 0,5 % en el primer trimestre del año en comparación con los primeros tres meses de 2018, aunque el indicador cayó un 0,2 % frente al período inmediatamente anterior.

Asimismo, los economistas del mercado financiero redujeron esta semana por decimoquinta vez su proyección de crecimiento para este año, la cual sitúan ahora en el 1 %, un porcentaje similar al registrado en 2018 y 2017.

La amenaza de una nueva crisis después de la histórica recesión de 2015 y 2016 tiene como caldo de cultivo un país que no ha conseguido reducir el desempleo, que afecta a 13,2 millones de trabajadores.