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Teherán, 13 jun (EFE).- El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, calificó de "sospechoso" el supuesto ataque hoy a dos barcos, uno de ellos al servicio de un armador japonés, en el mar de Omán, cuya tripulación ya fue rescatada y trasladada a un puerto del sur de Irán.

"Los ataques denunciados contra los petroleros relacionados con Japón ocurrieron mientras el primer ministro (japonés) Shinzo Abe se reunía con el ayatolá Ali Jameneí para mantener conversaciones extensas y amistosas", escribió en su cuenta oficial de Twitter.

Por ello, y teniendo en cuenta que algunos países acusaron a Irán de un incidente similar ocurrido el mes pasado, Zarif agregó que el término sospechoso se queda corto para "describir lo que ocurrió esta mañana" en el mar de Omán.

El jefe de la diplomacia iraní volvió a insistir en que, en la actual situación de inestabilidad, el foro de diálogo regional propuesto por Irán es "imperativo".

Abe comenzó ayer una visita histórica de dos días a Irán con el objetivo de rebajar la tensión en Oriente Medio, principalmente entre Teherán y Washington.

En su reunión de ayer con el presidente iraní, Hasan Rohaní, pidió a Irán que tenga "un papel constructivo" para evitar "un choque accidental" en la región.

Los barcos, de bandera de las islas Marshall y de Panamá, resultaron incendiados y los 44 miembros de su tripulación trasladados al puerto iraní de Jask.

En un principio, el ministro de Economía, Comercio e Industria japonés, Hiroshige Seko, anunció que las dos embarcaciones eran japonesas, pero finalmente solo una de ellas lo es: un buque cisterna de bandera panameña operado por la empresa japonesa Kokuka Sangyo con destino a Singapur.

Del otro barco se dispone de menos información, aunque muchas fuentes apuntan a que se trata de un petrolero de nombre Front Altair y probablemente noruego, que tenía como destino Taiwán.

Este incidente es el segundo registrado recientemente en la zona, ya que en mayo cuatro petroleros, dos de ellos saudíes, fueron blanco de un sabotaje.

Ese suceso provocó un repunte de tensión en el golfo Pérsico después de que Arabia Saudí y Estados Unidos acusaran a Irán de estar detrás del sabotaje, un extremo que Teherán negó.

EEUU ha decidido, además, aumentar su despliegue militar en Oriente Medio, reforzar sus sanciones contra Irán y designar a los Guardianes de la Revolución iraníes como grupo terrorista.