Diario Vasco

Belgrado, 13 jun (EFE).- Dos décadas después de los bombardeos de la OTAN contra la entonces Yugoslavia -justificados por los excesos en Kosovo- las posibles secuelas en la salud del uranio empobrecido empleado en los ataques sigue generando controversia en Serbia.

"Los médicos clínicos hemos notado que las enfermedades malignas son mucho más frecuentes que antes", asegura a Efe la neurocirujana Danica Grujicic, jefa del Departamento de Neuro-oncología del Centro Clínico de Serbia y profesora de la Facultad de Medicina.

"También vemos que hay muchos más niños con enfermedades malignas y que éstas son mucho más agresivas que antes", agrega.

Mientras, el epidemiólogo y catedrático emérito, Zoran Radovanovic, asegura que no ha habido grandes efectos de los bombardeos sobre la salud humana.

"La Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer no clasifica el uranio, sea enriquecido, natural o empobrecido, entre causantes de cáncer", explica en declaraciones a Efe.

La mayor experiencia con ese metal viene de la Guerra del Golfo (1991) y de observaciones de veteranos estadounidenses que estuvieron en contacto con uranio empobrecido, recuerda.

"No se detectaron daños visibles para su salud ni 25 años después", asegura este experto.

Según las autoridades serbias, 15 toneladas de uranio empobrecido -empleado en las bombas por su capacidad para penetrar blindajes- fueron empleadas durante los bombardeos de la entonces Yugoslavia (Serbia y Montenegro) entre marzo y junio de 1999.

La mayoría de esos proyectiles cayeron en Kosovo, aunque también en varias zonas del sur de Serbia.

El uso de la munición con uranio empobrecido no está prohibido por las convenciones internacionales.

Según Radovanovic, la incidencia del cáncer en Serbia aumenta desde hace décadas, pero no por el uranio empobrecido sino por el mejor registro de los casos y por el envejecimiento de la población.

Datos oficiales hablan de unos 36.000 casos nuevos de enfermedades malignas por año, con unas 20.000 muertes, con lo que Serbia ocupa la posición 12 de entre 40 países europeos.

Stojadin Stosic es el único obrero que sigue con vida tras limpiar en Pljackovica, a 350 kilómetros al sur de Belgrado, los escombros de un repetidor de televisión destruido por la OTAN con un proyectil con uranio empobrecido. Sus siete colegas murieron todos de cáncer.

Y él, hoy con 57 años de edad, padece diversas alergias en la piel, que aparecieron poco después de sus trabajos en la zona bombardeada, con heridas y ampollas que le causan dolor y otras molestias.

"Pasamos 25 días en Pljackovica para arreglar el terreno y levantar un nuevo repetidor. Después de eso me salieron esas alergias", cuenta a Efe.

Denuncia además que su salud empeora, que siente dolores en los pulmones y respira con dificultad.

Él y sus siete colegas limpiaron el terreno sin equipos de protección ni máscaras porque al inicio no había información de que se usara uranio empobrecido.

Ante casos como éste, la doctora Danica Grujicic exige que científicos de diferentes áreas realicen un profundo análisis para establecer si existe una relación con los bombardeos de 1999.

En Kosovo, mientras tanto, nunca ha surgido un debate sobre posible efectos para la salud y las autoridades siempre han hablado de "propaganda serbia" al respecto.

Grujicic, sin embargo, insiste que se trata de un residuo nuclear que al explotar emite partículas que pueden afectar la salud, sea en Serbia o en Kosovo.

Además, recuerda que diferentes materias tóxicas se liberaron en el medioambiente al ser bombardeadas refinerías y depósitos petrolíferos, plantas químicas y transformadores eléctricos.

Así, miles de toneladas de piraleno, ácido fluorhídrico, torio, mercurio, policlorobifeniles, dioxinas, cadmio, plomo y otros metales pesados y compuestos orgánicos tóxicos llegaron al medio ambiente y entraron en la cadena alimentaria.

También Radovanovic reconoce que grandes cantidades de materias tóxicas pasaron a la tierra y las aguas cuando se destruyeron las refinerías e instalaciones eléctricas.

"Algunas de estas materias químicas liberadas son cancerígenas, y seguro que presentan un riesgo real para la salud, pero no es por el uranio empobrecido", asegura.

El año pasado, el Parlamento serbio estableció una comisión que investigará el efecto de los bombardeos sobre la salud pública y en el medioambiente.

Un primer informe preliminar se espera para 2020. En opinión de Radovanovic, los miembros de esta comisión "tienen ante sí una misión imposible de probar: un 'imaginario complot' de la comunidad científica global para 'ocultar la verdad' ante Serbia".

El abogado belgradense Srdjan Aleksic asegura a Efe que estudia presentar ante tribunales extranjeros denuncias de civiles serbios que se consideran víctimas de bombas con uranio empobrecido.

No obstante, primero esperará las conclusiones de las comisiones de expertos antes de emprender cualquier paso. EFE