Diario Vasco

Sao Paulo, 13 jun (EFECOM).- El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se enfrenta este viernes a la primera huelga general desde que asumió el mandato, convocada por los sindicatos contra la reforma de las pensiones, y en medio de un escándalo que ha puesto en duda la actuación como juez de su actual ministro de Justicia, Sergio Moro.

El primer pulso de los sindicatos contra el ultraderechista, en el poder desde el pasado 1 de enero, coincide con el inicio de la Copa América de fútbol, de la que Brasil es anfitrión, y pretende paralizar el transporte en Sao Paulo, la mayor ciudad del país.

La jornada de paro tiene como punto central la reforma del sistema de pensiones y jubilaciones, una de las principales banderas del Gobierno, con la que pretende ahorrar 265.000 millones de dólares (235.045 millones de euros) en una década a las arcas públicas.

El proyecto se debate en el Congreso, donde tiene un arduo y largo recorrido antes de su aprobación definitiva, que el Ejecutivo confía en que sea este año.

Además de la reforma, la huelga plantea otras demandas, como el rechazo a los recortes en educación anunciados recientemente por el Gobierno y los elevados índices de desempleo persistentes en una economía que no acaba de despegar tras la recesión de 2015 y 2016.

Los economistas del mercado financiero redujeron esta semana por decimoquinta vez su proyección de crecimiento para 2019, que ahora sitúan en el 1 %, el mismo porcentaje registrado en 2018 y 2017.

"La huelga general viene impulsada por la crisis política y económica que vive Brasil", afirmó el presidente de la Central Única de los Trabajadores (CUT), Vagner Freitas.

En un contexto de economía anémica, los sindicatos quieren aprovechar el paro para mostrar músculo ante un Gobierno cada vez más impopular y que en los primeros seis meses se ha visto acorralado por diversos escándalos.

El último de ellos señala al ministro Sergio Moro, el juez que condenó a prisión en primera instancia al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva por corrupción pasiva y lavado de dinero.

El ministro se ha visto salpicado por unas filtraciones de mensajes que, en su época de juez, intercambió con fiscales a cambio de la investigación contra Lula, de 73 años y en prisión desde abril de 2018.

Esos mensajes sugieren que Moro pudiera haber orientado de alguna manera a los fiscales, algo que prohíbe el Código Penal brasileño, y han dado munición a la izquierda para intensificar sus peticiones de libertad de Lula.

Aunque Bolsonaro todavía no se ha pronunciado públicamente sobre el asunto, su ministro de la Presidencia, Onyx Lorenzoni, garantizó hoy en un encuentro con corresponsales que el mandatario apoya a Moro y que lo ha demostrado a través de "actos".

En el día de la huelga, Bolsonaro tendrá una nueva prueba de popularidad durante la apertura de la Copa América en Sao Paulo, tras los abucheos sufridos por Dilma Rousseff, entonces presidenta, en la Copa del Mundo de 2014 y por Michel Temer en los Juegos Olímpicos de 2016.