Diario Vasco

Madrid, 17 may (EFE).- En estos días previos a las elecciones, medios de comunicación, empresas demoscópicas y ciudadanos en general tratamos de averiguar quiénes son los favoritos para ganarlas o, como a veces se dice ?erróneamente?, quién cuenta con el «favoritismo» de los electores.

Así, se lee a veces que tal partido ?comienza la campaña manteniendo el favoritismo» o que «las encuestas dan el favoritismo? a determinado candidato para ganar los comicios.

Basta acercarse a los principales diccionarios para descubrir que favoritismo significa ?preferencia injusta por algo o por alguien, al margen de sus méritos? (así lo define el Clave, por ejemplo) y no ?condición de favorito?, que es lo que se pretendía decir en las frases anteriores.

Este uso inadecuado de la palabra ?favoritismo? ya era relativamente frecuente en el mundo del deporte (?Las apuestas muestran el favoritismo del equipo local?) y se está extendido a otros ámbitos como el de la política.

En cualquier caso, hoy por hoy, y mientras este sentido de favoritismo no se extienda en el uso culto y la Academia lo dé por válido, conviene evitarlo y elegir en su lugar giros o expresiones como ?ser favorito?, ?tener la condición de favorito? u otras similares.