Diario Vasco

Argel, 17 may (EFE).- El jefe del Ejército de Argelia, general Ahmed Gaïd Salah, se convirtió de nuevo hoy en el objeto de la ira de los argelinos, que volvieron a salir a la calle por décimo tercer viernes consecutivo para exigir la caída de todo el régimen que acompañó al dimitido presidente Abdelaziz Bouteflika.

El general, designado por Bouteflika en 2004, se ha convertido en el hombre más influyente del país y en uno de los principales defensores de un proceso de transición que la población rechazó un día más al grito de "Todos fuera".

Decenas de miles de ciudadanos dijeron también "no" a las elecciones convocadas para el próximo 4 de julio por el presidente del Senado y jefe de Estado en funciones, Abdelkader Bensalah, otro de los veteranos del régimen.

Y exigieron la formación de un órgano colegiado independiente que sustituya al extitular de Interior y actual primer ministro, Nuredin Bedaui, reforme la ley electoral y gestione Argelia hasta la celebración de unas presidenciales "verdaderamente libres y democráticas".

"Nos hemos levantado para pedir el cambio del poder político en Argelia y la manera de gobernar el país", recordó este viernes el abogado Mustafa Bouchachi, uno de los inspiradores del movimiento popular de protesta.

"El presidente (del Senado) es aún jefe del Estado interino, eso demuestra que el pueblo no ha logrado todavía sus reivindicaciones", indicó el activista, conocido por su defensa de los derechos humanos.

En la misma línea se pronunciaron los ciudadanos que, como cada viernes, trataron de concentrarse en la plaza de la Grande Poste, en Argel, tomada desde primera hora de la mañana por cientos de agentes antidisturbios.

Concluida la oración, decenas de hombres lograron romper el cordón tras forcejear con los policías y colocarse en las escaleras del edificio principal, donde repitieron consignas habituales como "Queremos que la mafia del poder se vaya".

"Justo cuando la marea humana empezó a llegar a la Grand Poste el dispositivo policial presente aquí lanzó gases" lacrimógenos, dijo el joven que portaba en sus manos una botella de agua y de vinagre para neutralizar los efectos del gas.

Unos metros más allá, la historiadora Nacera Benseddik argumentó que los tres meses de plazo previstos en la Constitución para la celebración de comicios en caso de muerte, inhabilitación o renuncia del presidente, como ha sido el caso, "no son suficientes para que haya elecciones justas"

"Reivindicamos un cambio de sistema que nos lleve a un verdadero sistema democrático, que no es el caso actual; hay que dejar tiempo a la población para organizarse porque es imposible organizar en dos meses elecciones creíbles", afirmó a Efe.

"Deben dejar tiempo a la gente para que aprenda de política, para que haya candidatos y para revisar el censo electoral, que está completamente amañado", señaló.

Los congregados, entusiastas pese al calor y el rigor del mes del ayuno sagrado o Ramadán, y en menor número que días anteriores, insistieron además en la necesitad de avanzar hacia un Estado civil, sin injerencias del Ejército.

"Jumhuriya machi caserna" (Es un República, no un cuartel) o "Dula madaniya machi askariya" (Un Estado civil y no militar) fueron otros de los eslóganes más repetidos, junto a la ya famosa expresión "Jeich chaab jawa" (Ejército y pueblo hermanos).

Manifestaciones similares tuvieron lugar en otras ciudades del país, como Tlemcen, Orán, Constantina, Mascara y Tiaret, en la región septentrional de la Cabilia, de mayoría bereber y en particular en la localidad de Bordj Borreridj, escenario de una de las más numerosas.

Las protestas masivas, que se suceden cada martes y viernes desde el pasado 22 de febrero, tienen lugar en medio de una supuesta campaña de "manos limpias" impulsada por el propio Gaïd Salah, al que la población acusa de maniobrar para tratar de desligarse de un régimen del que fue uno de los hombres más destacados.

En este marco han sido detenidos Said Bouteflika, hermano del expresidente y verdadero poder en la sombra en los años de la enfermedad del mandatario, y los generales Ahtmane Tartag y Mohamad Mediane "Tawfik", que durante más de veinticinco años dirigieron los temidos e influyentes servicios secretos argelinos.

Asimismo, fue detenida la secretaria general del Partido de los Trabajadores, Louise Hanoun, acusada al igual que dos generales y el hermano del presidente de participar en una supuesta conspiración para debilitar el poder del Ejército con apoyo de una potencia extranjera, en alusión a Francia.

El jueves fueron citados a declarar otros sesenta altos cargos del régimen, entre ellos los exprimeros ministros Ahmed Ouyahia y Abdelmalek Sellal, ambos hombres muy próximos a Bouteflika, todos ellos en relación a supuestos delitos de corrupción.