Diario Vasco

Nairobi, 17 may (EFE).- Abogadas, juezas y fiscales de España y Kenia intercambiaron hoy en Nairobi ideas y procedimientos para luchar contra la violencia machista desde juzgados y comisarías de policía, una cuestión con muchos puntos comunes en los dos países.

"Coincidimos en muchos temas, que no hay una gran diferencia en cuestiones generales", declaró a Efe la jueza española Zita Hernández en el Seminario sobre el Sistema de Justicia Criminal y Violencia de Género, que se desarrolló en Nairobi este jueves y viernes con apoyo de la Embajada de España y la Unión Europea (EU).

Las coincidencias radican en cómo se trata a la víctima, la falta de medios para darles asistencia, la dificultad de preservar las pruebas forenses o la carencia de recursos económicos para luchar contra la violencia machista.

Es la conclusión de Hernández y sus dos compañeras que se han desplazado a Kenia, la jueza María Auxiliadora Díaz y la fiscal Betlem Roig.

"Para el sistema judicial keniano, la violencia de género no es algo extraño", explicó la jueza Roselyn Nambuye, fundadora de la Asociación de Mujeres Juezas (KWJA) de Kenia.

Nambuye se dio cuenta de que había que cambiar muchas cosas del sistema al juzgar un caso de violación a una menor. Cuando la menor quería hablar y testificar, su agresor, en la misma sala, la callaba solo con mirarla.

Las expertas kenianas que han intervenido en el foro, por su parte, sacan una idea: hay que luchar para que se establezcan juzgados exclusivos que traten la violencia machista.

Durante dos días, las juristas han revelado frustraciones comunes como el brete de tener que poner en libertad a una persona que, aunque se la crea culpable, no se la pueda incriminar por falta de pruebas.

Y saber que va a volver a casa con la agredida, como apunta la policía del Departamento de Investigaciones Criminales de Kenia Grace Ndirangu.

La Policía en Kenia tiene 24 horas para reunir todas las pruebas posibles y llevarlas a la Fiscalía antes de llevar al detenido ante el juzgado.

Un tiempo límite para conseguir que se presenten cargos, mientras no existen apenas protocolos de protección para la víctima.

Otro de los problemas es la recopilación de pruebas forenses: "muchas de las cosas que he visto en el juzgado no son muy científicas, por decirlo de forma suave", explicó Kizzie Shako, una de las tres médicas forenses que tiene la Policía en Nairobi.

Atienden entre 70 y 100 casos diarios, no solo de violencia machista sino de cualquiera que requiera la toma de pruebas, y a veces llegan a testificar en hasta 20 juicios al día.

Se necesita, a juicio de Shako, mayor formación en género para médicos, pero sus compañeras extienden esa opinión también a jueces, fiscales, policías y abogados.

El jueves, a la primera sesión del seminario acudió el presidente del Tribunal Supremo keniano, David Maraga, quien indicó que las cárceles están llenas de jóvenes acusados de tener relaciones consentidas con adolescentes (la edad de consentimiento en Kenia son los 18 años), en un momento en el que los casos de violencia de género están en auge.

"Un problema grande es que la sociedad trivializa la violencia de género", dijo Maraga.

En Kenia, según explicó la fiscal Jackie Njagi, las cárceles rebosan de personas que no han podido pagar una multa de 4 euros, y los recursos que se gastan en perseguir judicialmente a esa gente se podrían invertir en mejores medios para proteger a las víctimas de violencia de género.