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Londres, 17 may (EFE).- Hace doscientos años que nació la reina Victoria (1819-1901) pero su legado arquitectónico continúa siendo el sello de identidad de una ciudad que fue un día capital de un imperio y que, en la actualidad, se yergue como una de las urbes más cosmopolitas del mundo: Londres.

Coincidiendo con la cúspide de la Revolución Industrial y con la época de mayor esplendor del imperio británico ocupó el trono en el Reino Unido la reina Victoria, cuyo nombre acabó por definir toda una era, la victoriana.

La monarca, que accedió a la corona a la muerte de su tío paterno, Guillermo IV, en 1837, contrajo matrimonio tres años después con su primo Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha (1819-1861) quien le contagió su gusto por la arquitectura.

Tal fue la pasión de Alberto que, como explicó a Efe Susie Barson -experta del organismo público encargado de la gestión del Patrimonio, Historic England- existe una zona en Londres a la que los británicos frecuentemente se refieren como "Albertopolis".

Se trata del área de South Kensington, situada debajo del céntrico parque de Hyde Park, que alberga el museo Victoria&Albert, el museo de la Ciencia y la sala de espectáculos Royal Albert Hall, ambos construidos gracias al mecenazgo del consorte, además de otros cinco museos, un jardín botánico, la sociedad geográfica y una escuela de artes.

Aunque existen otros lugares alrededor del Reino Unido con significativas representaciones de este tipo de arquitectura, Londres posee, en palabras de Barson, "una colección de edificios de importancia nacional e internacional como ciudad capital y como centro del Imperio Victoriano".

Según Historic England, una de las principales características de la arquitectura victoriana es su funcionalidad, todo se construía para satisfacer algún tipo de necesidad para los ciudadanos como la seguridad (comisarias), la salud (hospitales), la educación (colegios, museos y librerías), la vivienda (casas) o la alimentación (mercados y tiendas), etc.

Otra de las particularidades de este tipo de edificaciones es la planificación interna de los espacios, con habitaciones distribuidas en función de los hábitos y costumbres de la época.

Por ejemplo, teatros y pubs se segregaban por áreas para personas de diferentes clases y, muy a menudo, estaban reservados únicamente para varones.

Por otra parte, el exterior de las edificaciones solía ser de estilo gótico renacentista o clásico y con materiales como ladrillo, piedra o pizarra traídos de tierras lejanas gracias al auge de las redes ferroviarias.

Como apunta la experta Barson y como coincidiría cualquiera que tenga la oportunidad de visitar la capital británica, la ciudad no se concibe sin sus emblemáticos edificios victorianos.

Aunque la reina Victoria pasó de luto 40 años de su vida, tras la muerte de su querido marido el 14 de noviembre de 1861, cuando el príncipe apenas tenía 42 años, el legado de su reinado aún brilla en Londres.

Como buena prueba de ello y para conmemorar el segundo centenario de su nacimiento este 24 de mayo el palacio de Kensington -otra estructura, por cierto, victoriana- acogerá no solo una, sino dos exposiciones dedicadas a la respetada soberana.

La primera de ellas, "Victoria: Mujer y Corona", ahondará sobre la vida privada de la reina, que desde la muerte de Alberto apenas volvió a asumir responsabilidades en público.

La segunda de ellas, "Victoria: una Infancia Real", descubrirá al visitante las historias de la regente cuando era una niña a través de los aposentos donde nació y se crió, antes de convertirse a los 18 años en monarca de un imperio.

La influencia de la reina Victoria en la vida británica ha traspasado los muros de la arquitectura y se aprecia en costumbres que duran hasta nuestros días como, por ejemplo, el que las novias empezaran a vestir de blanco el día de su boda, tomar el té a las cinco de la tarde -que aunque no lo inventó ella contribuyó a popularizarlo- o la tradición de felicitar las fiestas navideñas con postales.