Diario Vasco

Barcelona, 17 may (EFE).- "Dejar de cavar trincheras", "desterrar el insulto" y "diálogo" fueron algunos de los mantras de Meritxell Batet durante la campaña del 28A. Un mensaje templado que ahora la socialista catalana defenderá desde la presidencia del Congreso de los Diputados, con el reto de intentar tender puentes.

Con su elección, Pedro Sánchez lanza un doble mensaje, en favor de la moderación y de la pluralidad, y lo hace tan solo un día después de que los independentistas frustraran la operación para situar al líder del PSC, Miquel Iceta, al frente del Senado.

Batet, nacida en Barcelona en 1973, defiende que España tiene que evolucionar hacia un modelo federal y considera que la mejor manera de resolver el conflicto catalán es dialogar dentro de la ley para "reforzar el autogobierno".

Poco incisiva a la hora de cargar contra sus oponentes políticos, reivindica que una buena relación personal es la base de cualquier alianza, por lo que deplora el "bajo tono" que se ha instalado en la política española: "¿Cómo podremos pedir a los ciudadanos que se respeten entre ellos si no nos respetamos entre nosotros?", suele argumentar.

Pese a no contar con el carisma de Iceta, en las elecciones generales del 28 de abril Batet se resarció de los peores resultados de la historia del PSC, obtenidos en los comicios de 2016, y subió hasta la segunda plaza, al pasar de siete a doce escaños en Cataluña.

Batet, que cursó, aunque no completó, el doctorado en Derecho Público, sabe de qué habla cuando se refiere a familias vulnerables que no pueden asumir el coste del alquiler o de los estudios de sus hijos: sufrió un desahucio cuando era adolescente y, poco después, se pagó la universidad sirviendo copas por las noches en las salas barcelonesas de Nick Havanna y Bikini. A temporadas, su sueldo era el único que entraba en casa.

Antes de embarcarse en el estudio de las leyes, sopesó dedicarse a la danza, que había practicado desde pequeña en diferentes modalidades, pero una rotura de tobillo la alejó temporalmente de los escenarios, a los que volvió tiempo después para dar mítines.

Concretamente, su salto a la política llegó en 2004, cuando el PSC le ofreció el undécimo lugar de la lista por Barcelona en las generales de 2004. Consiguió un escaño, que ha mantenido en otras cuatro legislaturas, las de 2008 -año en que se afilió al PSC-, 2011, 2015 y 2016, y ahora tiene por delante cuatro años más como diputada.

Afincada en Madrid, es madre de dos hijas gemelas -Adriana y Valeria-, que a sus cinco años siguen sin dejarla dormir mucho, pero le hacen pasar todos los males, dice, "en cinco minutos".

Dos hijas fruto del matrimonio que contrajo en 2005 con el entonces diputado popular José María Lassalle, que fue secretario de Estado de Cultura y del que se separó en mayo de 2016.