Diario Vasco

Sídney , 17 may .- Los australianos acuden mañana, sábado, a las urnas para decidir si renuevan el mandato a la coalición Liberal-Nacional del primer ministro, Scott Morrison, o devuelven el poder a los laboristas, en una reñida contienda con una ventaja en los sondeos para la oposición laborista del 51% frente al 49%.

"Estas serán las elecciones más igualadas que se vean en muchos, muchos años", admitió hoy Morrison, que en agosto pasado tomó las riendas del Gobierno, en manos desde 2013 de la alianza formada por los liberales y el partido Nacional del viceprimer ministro Michael McCormack, cuyo formación representa los intereses de las Australia rural y del interior.

Las encuestas no sonríen al actual jefe del Gobierno, que tras ejercer como Tesorero, asumió el cargo después de una revuelta interna en el Partido Liberal, la segunda desde que la coalición recuperó el poder hace seis años y que hizo caer a otros dos primeros ministros.

"He estado en la sala de máquinas para asegurar que nuestra economía se fortalece y nuestras fronteras estén seguras, que nos dediquemos a nuestros intereses nacionales y se cumpla nuestra agenda comercial", añadió Morrison.

El mandatario, que también aboga por rebajas de impuestos, tiene como principal rival al líder del Partido Laborista, Bill Shorten, partidario de aumentar el salario mínimo, mejorar la educación y la salud pública y reducir las emisiones contaminantes en un 45 por ciento en 2030 con respecto a 2005.

"Voten por el verdadero cambio. Pongan fin al caos, voten por la reelección del clima, por extender la cobertura del cuidado dental de los pensionistas y pacientes de cáncer. Por medidas sobre el coste de vida de las familias y el aumento de sueldo", dijo Shorten en su último acto electoral en Sídney.

El líder opositor, que encabeza todos los sondeos, podría beneficiarse también de las simpatías hacia su formación generadas tras la muerte anoche del ex primer ministro laborista Bob Hawke (1983-1991), uno de los políticos más populares del país y al que se atribuye la modernización de Australia.

El cambio climático, que ha motivado una serie de protestas estudiantiles, ha sido uno de los asuntos clave durante la campaña electoral, junto al aumento de los salarios ante la subida del coste de la vida, el aumento de la población y el trato a los solicitantes de asilo que Australia tiene internados en centros en el Pacífico.

"Esta campaña la veo más centrada en los temas clave que en las anteriores, que eran más de estilo presidencial. La distinción en las propuestas políticas es la más clara en años" dijo a Efe Jonathan Brown, residente de Sídney.

En este sentido, Brown, de 53 años, destacó como los asuntos más candentes en a campaña "el medioambiente, la salud y la educación".

Lejos de las grandes ciudades, Luke Rosas, residente en Townsville (noreste) de 34 años, dijo a Efe que votará porque "es obligatorio" -no hacerlo acarrea una multa de 20 dólares australianos (13,7 dólares estadounidenses o 12,3 euros)-, desencantado por el hecho de que "los políticos no son coherentes con lo que dicen y hacen".

Para formar gobierno, la coalición o los laboristas necesitarán el apoyo de al menos 76 de los 151 escaños de la Cámara Baja en juego en estos comicios.

Si la tendencia de las encuestas se mantiene, los laboristas podrían ganar con una diferencia de entre uno y cinco escaños, lo que permitiría a Shorten gobernar con la plataforma más ambiciosa de su partido desde la década de 1970, según apuntó la analista política Mishelle Grattan, en la revista The Convesation.

También será crucial la disputa en el Senado, donde el Gobierno de Morrison tuvo que negociar con los independientes y partidos minoritarios para sacar adelante sus leyes ante la oposición laborista y de los Verdes, que tenían 35 de los 76 escaños.

A los comicios también se presenta el partido xenófobo Una Nación, de la senadora Pauline Hanson, y otras opciones de derecha y extrema derecha, como la del multimillonario Clive Palmer, que aspiran a captar votantes desencantados y a ser decisivos a la hora de condicionar las políticas del próximo Gobierno.