Diario Vasco

Moscú, 16 may (EFE).- Las multitudinarias protestas contra la construcción de una iglesia ortodoxa en un céntrico parque de Yekaterimburgo, capital de los Urales, se ha convertido en un escándalo a nivel nacional que ha obligado a intervenir al propio presidente, Vladímir Putin, creyente confeso.

"Es la última isla verde en el centro de Yekaterimburgo. Es un regalo que nos hizo (el presidente) Boris Yeltsin y nadie nos lo va a quitar", declaró hoy a Efe Polina Greizman, una de los líderes de las protestas.

Desde el lunes, miles de personas se manifiestan diariamente al término de la jornada laboral y hasta altas horas de la madrugada para expresar su oposición a la construcción de la iglesia, aduciendo que en la zona ya hay suficientes templos ortodoxos, pero pocas zonas verdes.

"La protesta fue espontánea. La noche del domingo al lunes aparecieron unas vallas en el parque, lo que provocó una reacción en cadena. Yekaterimburgo es una ciudad liberal y no nos gusta que nos impongan nada", explicó la activista.

Las multitudinarias protestas en Yekaterimburgo, ciudad de más de un millón de habitantes conocida por su irreductible oposición, se han saldado ya con la detención de más de un centenar de personas.

Aunque la protesta es pacífica, se han producido choques entre los manifestantes y los efectivos antidisturbios, aunque los incidentes más violentos fueron protagonizados por grupos de robustos hombres no identificados que apoyan la construcción del templo y que agredieron a los que congregados.

Esas imágenes fueron recogidas por la prensa y dejaron en muy mal lugar al Ayuntamiento, lo que obligó a tomar cartas en el asunto a Putin, quien admitió hoy que no se había enterado del problema hasta el miércoles.

"Hay un método simple, celebrar una consulta. Y la minoría debe subordinarse a la mayoría. En eso consiste la democracia. Pero, al mismo tiempo, hay que tener en cuenta la opinión y los intereses de la minoría", dijo Putin durante un foro mediático en el balneario de Sochi (mar Negro).

Putin, que desde su llegada al poder ha devuelto a la Iglesia infinidad de propiedades expropiadas por las autoridades soviéticas, destacó que, "por regla general, la gente pide que construyan iglesias, pero aquí algunos se oponen".

"Todos tienen derecho a su opinión. Y si se trata de los habitantes de ese barrio, entonces, sin duda, hay que tenerlos en cuenta", añadió.

Eso sí, precisó, siempre y cuando no implique a "activistas alistados que vinieron desde Moscú para hacer ruido y promocionarse".

Putin se refería al rumor de que las manifestaciones pueden haber sido azuzadas por el líder opositor y enemigo acérrimo del Kremlin, Alexéi Navalni, algunos de cuyos partidarios locales participan en las protestas, según la prensa.

"Ambos bandos deben dar algún paso para solucionar este asunto en interés de la gente que vive realmente allí. No hay que pasarse de largo y pelearse, hay que sentarse y ponerse de acuerdo", insistió el jefe del Kremlin.

Pocos minutos después, el Ayuntamiento de Yekaterimburgo, que había hecho oídos sordos a las demandas de los manifestantes, anunció que celebrará dicha consulta en un plazo de dos semanas y a la noche el alcalde, Alexandr Visokinski, se acercó al parque en la plaza de Octubre para departir con los congregados.

"La construcción esperará hasta que no se tome una decisión. Iniciaremos el procedimiento de consultas y después veremos cómo va. No necesitamos ni enfrentamientos ni detenciones por un motivo: en Yekaterimburgo las protestas siempre fueron pacíficas", dijo.

Eso sí, las autoridades insisten en que las consultas celebradas en el pasado al respecto demuestran que "la mayor parte" de la población es "indiferente" al proyecto, "una pequeña parte" protesta contra la iglesia y "una buena parte" la apoya.

Al respecto, Greizman comentó que los manifestantes no se fían de las autoridades y creen que la única salida debe ser una "mesa redonda" en la que participen las autoridades, los constructores, la Iglesia y portavoces de los manifestantes.

"Ya sabemos cómo organizan las votaciones nuestras autoridades. La consulta será comprada, como ocurre con los referéndum", resaltó.

Y advirtió de que la gente seguirá protestando "hasta que le devuelvan el parque", es decir, hasta que retiren las vallas.

"Nuestra protesta es pacífica, pero me temo que cada día irá a peor. Habrá más detenciones. Nos quieren aplastar como criminales", asegura.

Las autoridades tienen previsto inaugurar el templo para el 300 aniversario de la fundación de Yekaterimburgo en 2023, aunque la iglesia original (la Catedral de Santa Catalina), que fue destruida por el régimen soviético en 1930, no se encontraba en dicho parque, sino en la otra orilla del río.

El proyecto, valorado en 3.500 millones de rublos (unos 50 millones de euros), es financiado, según la prensa, por dos multimillonarios locales.