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El Cairo, 17 abr (EFE).- El presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, habló por teléfono con el jefe de la junta militar de Sudán, general Abdelfatah al Burhan, y le comunicó el apoyo de El Cairo a la seguridad y estabilidad del país vecino, informaron hoy fuentes oficiales.

"El presidente Al Sisi confirmó la posición de Egipto en apoyo total a la seguridad y estabilidad de Sudán, así como su apoyo a la voluntad y las opciones del pueblo sudanés en la redacción del futuro de su país y en el mantenimiento de las instituciones estatales", informó la Presidencia egipcia en un comunicado.

La llamada de Al Sisi, que tuvo lugar el martes, es la primera comunicación oficial entre los países vecinos después de que el Ejército sudanés derrocase al presidente Omar al Bashir el pasado día 11 de abril.

El mensaje de Al Sisi supone un apoyo velado a las autoridades militares sudanesas en su intento de estabilizar el país, pero también reconoce las "aspiraciones" del pueblo sudanés, que está presionando al Ejército para que entregue el poder a una autoridad civil.

Al Sisi subrayó que Egipto apoya a Sudán para "superar el período actual en línea con las aspiraciones del pueblo sudanés" y le expresó la necesidad de que se hagan "esfuerzos" a nivel regional e internacional para ayudar a Jartum a salir airoso de esta etapa y para afrontar la crisis económica del país.

El Ejército derrocó a Al Bashir en el contexto de unas protestas multitudinarias, que se mantienen en las calles de Jartum para presionar a los militares a entregar el poder a una autoridad civil.

La junta militar ha anunciado que se mantendrá en el poder por un periodo de dos años, aunque ya ha iniciado un proceso de diálogo con los partidos políticos para preparar la transición política en el país.

Al Sisi, que llegó al poder por medio de un golpe de Estado en 2013, mantuvo altibajos en sus relaciones con Al Bashir, por el acercamiento de Sudán a Turquía y por disputas fronterizas, entre otros motivos.

La cuestión que más tensiones causó en los últimos años fue la tibieza que, según El Cairo, mostró el Gobierno de Jartum frente a Etiopía por la construcción de una central hidroeléctrica que Egipto teme que afecte al caudal del Nilo.