Diario Vasco

Yakarta, 17 abr (EFE).- El que fuera considerado como el "Obama indonesio", Joko Widodo, es el probable vencedor de las elecciones celebradas hoy en Indonesia, por lo que revalidaría el cargo de presidente de la tercera mayor democracia del mundo tras cambiar su idealismo inicial por el pragmatismo político.

El niño Joko Widodo, que creció en una barriada en la ciudad javanesa de Solo durante la dictadura del general Suharto, difícilmente podía imaginar que con 57 años se convertiría por segunda vez en presidente de su país.

Los orígenes alejados de la élite política de Jokowi, popular apodo del presidente, y su ascenso político como alcalde de Solo y después como gobernador de Yakarta, le granjearon una reputación de político eficaz y honesto que le permitió ganar las primeras elecciones en 2014.

Jokowi apareció entonces en la portada de la revista "Time" junto al texto "Una nueva esperanza", después de ganar esos comicios, pero, tras cinco años de legislatura, muchas de las promesas de reformas y crecimiento económico han sido incumplidas.

Lejos quedan sus apariciones por sorpresa, o "blukusan" en indonesio, en las comunidades de las ciudades que gobernó y con las que se ganó la simpatía de los votantes; ésta vez sus electores votaban por su capacidad de liderar una nación de más de 265 millones de habitantes.

En el camino, el presidente se ha acercado a las mismas élites a las que dijo no pertenecer; con varios exmilitares en su gabinete y como asesores y con uno de los clérigos musulmanes más influyentes como su vicepresidente.

Su gestión del aumento de la influencia islamista, cortejando a las grandes organizaciones musulmanas y a la mayoría de los partidos de corte islámico, ha sido vista como una victoria del pragmatismo político frente a los principios en el país con la mayor población musulmana del mundo.

Estas decisiones han defraudado a sus votantes progresistas, que esperaban avances a la hora de que se hiciera justicia por violaciones de los derechos humanos cometidas en el pasado o se hicieran reformas legislativas y sociales, pero han demostrado su capacidad como negociador.

El profesor de la Universidad Nacional de Australia, Marcus Mietzner, argumentó a Efe que a Jokowi "no le importan los derechos humanos, sabe que no hay un gran electorado en esa dirección".

Durante el último acto de campaña electoral el sábado pasado, un concierto multitudinario en el estadio Bung Karno, se vieron las facetas pasada y actual del político indonesio, por un lado la de estrella de rock y líder rebelde, y por el otro la de devoto musulmán y conciliador mandatario.

El presidente es uno de los pocos políticos indonesios que puede subirse a una motocicleta Harley-Davidson para promocionar la construcción de carreteras en la remota provincia de Papúa y después acudir a una lectura del Corán.

"Es un político muy pragmático, por supuesto la pregunta es si ha sido siempre así o no supimos retratarle y proyectar su imagen en 2014", se pregunta Mietzner.

Su reelección, sin embargo, se debe también a sus éxitos en materia de políticas sociales, como su programa de atención sanitaria pública, que, aunque todavía imperfecto, es uno de los más amplios del mundo.

Sus proyectos de desarrollo, como el metro inaugurado en marzo en Yakarta, suponen para los indonesios una prueba de que el mandatario puede responder a las expectativas en uno de los temas prioritarios, que es el aumento de la prosperidad.

Sin embargo, minorías religiosas e indígenas, ONG de defensa de la mujer o del colectivo LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales), o colectivos defensores de la propiedad de tierras de los campesinos y comunidades han retirado su apoyo al político javanés.

Jokowi no ha conseguido que el PIB del país crezca al 7 %, como prometió en 2014, si no a un 5 % de media, sin embargo la apuesta por tecnócratas para gestionar la macroeconomía le ha valido el reconocimiento del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

A pesar de las luces y sombras del político, Mietzner recuerda la complejidad del sistema democrático indonesio, con 575 escaños en el Parlamento, 16 partidos que se presentan a las elecciones y donde la formación de coaliciones es casi obligada por el alto umbral de voto necesario para proponer candidatos a presidente.

"Al fin y al cabo, Jokowi es solo un político", afirma el profesor Mietzner.