Diario Vasco

(Actualiza con declaraciones del presidente del Banco Central)

Buenos Aires, 16 abr (EFE).- Argentina acumuló en los primeros tres meses del año una inflación del 11,8 %, empujada por la devaluación del peso iniciada en 2018, y se mantiene como el principal caballo de batalla del Gobierno, en plena recesión económica y a solo seis meses de las elecciones presidenciales.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos informó este martes del índice de precios al consumidor del pasado marzo, que volvió a acelerarse al registrar un avance del 4,7 % respecto de febrero y llegar al 54,7 % en términos interanuales.

El transporte y los alimentos fueron, con el 67,5 % y el 64 % de subidas, respectivamente, los sectores más perjudicados en comparación con marzo de 2018, un periodo en el que gran importancia han tenido también los aumentos en las tarifas de los servicios públicos como la electricidad, el agua y el gas que el Ejecutivo de Mauricio Macri viene impulsando desde 2016.

En 2018, la inflación acumulada fue del 47,6 %, la cifra más alta desde 1991, sensiblemente superior de la registrada en 2017 (24,8 %).

El presidente del Banco Central, Guido Sandleris, aseguró que el alza inflacionaria es "un fenómeno transitorio" y consideró que "falta muy poco para que la inflación tome un sendero descendente", al anunciar medidas para profundizar la política monetaria.

Entre ellas, señaló que el Banco Central no intervendrá de forma directa si la divisa estadounidense se encuentra entre los 39,75 y los 51,45 pesos (hasta ahora se ajustaba al 1,75 % mensual), para quitar volatilidad.

Durante la jornada, en el Senado y durante una sesión especial para tratar diversos proyectos, la oposición se mostró muy crítica con la política económica del oficialismo.

La legisladora Anabel Fernández Sagasti, de la oposición kirchnerista, aseguró que el Gobierno aplica un "ajuste fenomenal" habiendo ya "destruido el salario de todos los argentinos" y haciendo una "transferencia" como "nunca se ha visto a los sectores económicos privilegiados".

"Las argentinas y los argentinos tienen hambre. Estamos discutiendo cómo acceder a la comida. Un litro de leche está entre 50 y 70 pesos (1,18 dólares a 1,65). Cayó el consumo de leche y de carne. Que Mauricio Macri deje de (...) degradar al pueblo argentino y sus instituciones y fundamentalmente que cambie el rumbo de sus horrorosas políticas", expresó por su parte la también peronista María de los Ángeles Sacnun.

Sobre las polémicas subidas en las facturas de los servicios públicos, que el macrismo -muy crítico con la política energética de los mandatos kirchneristas (2003-2015)- impulsó para normalizar el sector, la senadora Inés Blas pidió que se debata declarar la "emergencia tarifaria" en el servicio público de electricidad.

Según reprochó, la política de Macri incrementó hasta febrero de 2019 el precio de la energía en un 1.800 %, "sin contar los aumentos ya dispuestos para los próximos meses, un 26 % a partir de febrero, 14 % a partir de marzo y 4 % a partir de mayo".

"Hoy el incremento del precio de la energía absorbe entre un 25 y 30 % el presupuesto de una familia tipo", sentenció, convencida de que los aumentos arrasaron con la industria.

Adelantándose a la publicación de los datos oficiales, el presidente argentino dijo este lunes que en marzo se registró un "pico" de inflación, pero auguró que a partir de este mes el país irá "avanzando paso a paso" hasta erradicarla.

También reiteró la necesidad de que Argentina tenga unos presupuestos generales "equilibrados" que permitan "dejar de vivir de prestado", ya que el Gobierno cree que el déficit fiscal que Argentina arrastra desde hace décadas es el culpable de los desequilibrios económicos y la falta de confianza inversora.

Fue a finales de abril del año pasado cuando la divisa nacional comenzó a caer ante el dólar, principalmente por la fuga de capitales desde los mercados emergentes a Estados Unidos, en un contexto de subidas en las tasas de interés en ese país.

Argentina, país que depende fuertemente de los capitales externos, sufrió en gran medida esa salida de inversores, y sumado a la sequía que afectó al campo, entró en recesión y firmó un préstamo a tres años de 56.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI), que supone desplegar fuertes ajustes fiscales.

Desde hace un año, el peso se ha devaluado más del 50 %, y por el impacto que esto ha tenido en productos que se consideran dolarizados, como la energía, ha influido en la aceleración de la inflación, que hasta el inicio de la crisis ya venía siendo uno de los mayores problemas del Gobierno de Macri.

En declaraciones a Efe, el economista Ricardo Progano reconoció que el primer trimestre cierra "muy mal", con una alta cifra, pero auguró que a partir de ahora "se estaría esperando un descenso muy paulatino del índice mensual" por factores que influirían en una desaceleración de las subidas de precios.

Entre estos, una eventual decisión del Gobierno de ralentizar las subidas de las tarifas de los servicios públicos y las subastas diarias de 60 millones de dólares -hasta alcanzar un total acumulado de 9.600 millones- que desde ayer realiza el Banco Central, para adjudicar dólares recibidos del FMI.

El objetivo de esas subastas es permitir que el Ministerio de Hacienda se haga de los pesos necesarios para poder realizar los gastos que el Tesoro tiene en moneda local.

Se espera que esta medida -con la que se apuesta a calmar la volatilidad cambiaria- forme parte del paquete de anuncios que hará el Ejecutivo este miércoles, con los que quiere complementar su política económica y frenar las consecuencias de la ya larga crisis, en un año de comicios provinciales y nacionales que tendrá como guinda del pastel las elecciones presidenciales de octubre próximo.