Diario Vasco

Madrid, 14 ene (EFE).- En la mayor parte de los países europeos los partidos tradicionales han implantado una especie de cordón sanitario a la hora de colaborar con la ultraderecha, tanto a nivel regional como nacional.

No obstante, su presencia ha ganado terreno en los últimos años aprovechando las características del sistema electoral, como en Francia en las europeas, condicionando programas (como en Hungría) o por alianzas que le han impulsado al gobierno nacional (como en Italia).

En Alemania, un cordón sanitario frente a la ultraderecha incluso en el ámbito regional

La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), con escaños en el Parlamento federal (AfD) desde 2017, tiene representación en las cámaras regionales de los 16 "Länder" del país.

En los estados federados del este es donde obtiene sus mejores resultados -su récord fue el 24,2 % obtenido en las regionales de Sajonia-Anhalt de 2016, frente al 12,6 % de las generales de 2017.

Pero está excluida por el resto del espectro parlamentario para cualquier coalición o apoyo externo, tanto a escala federal como en los "Länder", y no se percibe que ello pueda cambiar tras los comicios regionales que tendrán lugar este año en el este del país.

Italia: del gobierno regional al nacional, gracias a las alianzas y a la transformación al soberanismo

La ultraderechista Liga de Matteo Salvini, en el Gobierno de Italia, siempre ha sido fuerte en el norte del país, sobre todo en las regiones de Lombardía y Véneto, gracias a la coalición con otras fuerzas derechistas como la Forza Italia de Silvio Berlusconi.

En la actualidad, con esta fórmula, la Liga está en el Gobierno de seis de las veinte regiones del país: Lombardía, Véneto, Friuli-Venecia-Julia, Liguria (norte), Molise y Sicilia (sur), además de una treintena de capitales de provincia.

Aunque el partido se fundó en 1991 para reclamar la independencia del norte italiano, esto cambió desde que en 2013 Salvini tomara sus riendas y se lanzara a la conquista de todo el país con un discurso nacionalista, soberanista y contra la inmigración.

En las elecciones generales del 4 de marzo, la Liga de Salvini logró un 17 % de los votos (frente al 4 % de 2013) y se convirtió en una bisagra para un gobierno de los ganadores, los populistas del Movimiento Cinco Estrellas.

En Francia, presencia local y visibilidad nacional gracias a las europeas

En Francia, la ultraderecha está presente en las instituciones locales y regionales desde los años 80, aunque ha obtenido su mayor visibilidad en los comicios de ámbito nacional.

En las últimas regionales, en 2015, fueron la fuerza más votada en la primera ronda, pero el sistema de doble vuelta, en el que los electores del resto de partidos suelen unirse en su contra, les privó de presidir ninguna región.

Algo similar les sucede en los municipios, lo que no impidió que controlen algunos, bien directamente con sus candidatos, bien mediante aspirantes afines.

Las elecciones europeas, las únicas que no son a dos vueltas en Francia, son en las que más representación logran. En las de 2014 fueron también la fuerza más votada, lo que les llevó a sentar a 24 eurodiputados en el hemiciclo de Estrasburgo.

Bélgica: presencia regional y cordón sanitario en el ámbito nacional

En Bélgica, la extrema derecha está representada por el partido flamenco Vlaams Belang, que tiene tres diputados a nivel nacional y seis en la cámara flamenca.

En la reciente crisis del Gobierno belga, actualmente en funciones por la retirada de la coalición gubernamental de los soberanistas flamencos de la N-VA, el rey Felipe de los belgas volvió a excluir de su ronda de contactos al Vlaams Belang, como es ya habitual.

Tanto el Vlaams Belang como la N-VA han rechazado el pacto migratorio impulsado por las Naciones Unidas en Marrakech (Marruecos).

Holanda: el segundo partido del país pero relegado a la oposición

En Holanda, el Partido de la Libertad (PVV), del ultraderechista Geert Wilders, es la segunda fuerza parlamentaria del país.

En cambio, fue relegado a la oposición por la coalición del Gobierno -formada por liberales, socialdemócratas, progresistas y cristianos-, que rechazó negociar con su líder porque considera que mantiene un discurso racista y eurófobo alejado de su línea política.

Desde los comicios generales de marzo de 2017, el papel de Wilders se ha limitado a criticar las medidas del Gobierno, que considera "muy europeistas" y promigratorias, y a convocar mociones de censura contra el Ejecutivo del liberal Mark Rutte, a quien no ha logrado desacreditar a causa de la falta de apoyo que tiene el ultraderechista en el Parlamento.

Países Nórdicos: apoyos en Dinamarca y Noruega, pero no en Suecia

La derecha xenófoba está implantada en los países nórdicos desde hace más de una década y, salvo en Suecia, ha integrado o apoyado gobiernos de derecha o centroderecha a escala local, regional y nacional.

El Partido Popular Danés (DF) fue la segunda fuerza más votada en las legislativas de 2015 y ha sido sostén de todos los ejecutivos de derecha desde 2001, incluido el actual.

A nivel local y regional, el DF ha integrado o apoyado gobiernos encabezados por otras fuerzas de derecha, y en 2017 logró su primera alcaldía en el municipio de Læsø (norte).

El Partido del Progreso noruego forma parte de los gobiernos de su país y mantiene colaboraciones a nivel local y regional.

El equivalente sueco a esas formaciones, Demócratas de Suecia, tercera fuerza en el país, vive una situación distinta a escala nacional, ya que ningún otro partido quiere pactar con ellos.

Pero las agrupaciones del centroderecha en varios municipios del sur del país han desoído a sus ejecutivas y han hecho pactos con la ultraderecha, que ha conseguido su primera alcaldía en Sölvesborg, con el apoyo de conservadores y democristianos.

En Finlandia el partido de ultraderecha Verdaderos Finlandeses está presente en buena parte de los entes municipales del país, donde actualmente es la quinta fuerza política a nivel local (no existen los gobiernos regionales o autonómicos excepto en la región autónoma de Åland).

Los Verdaderos Finlandeses, un partido marginal hasta hace una década, dieron su gran salto en 2011, cuando multiplicaron por ocho su número de escaños en el Parlamento de Helsinki gracias a su discurso populista y se convirtieron en la tercera formación más votada con el 19,1 %.

En Hungría la extrema derecha se modera ante la radicalización del partido de Orbán

En Hungría gobierna el partido conservador nacionalista Fidesz, del primer ministro, Viktor Orbán, que desde su llegada al poder en 2010 ha radicalizado su política, sobre todo contra la migración.

Aunque el Fidesz pertenece al Partido Popular Europeo (PPE), muchos miembros de esta agrupación de democristianos y conservadores han abogado por expulsarlo de la misma debido al creciente autoritarismo y nacionalismo de la política del Gobierno húngaro, acusado de socavar el estado de Derecho y la democracia.

En parte esta subida de tono llegó ante la presión ejercida desde la derecha más extrema en el espectro político, la del partido Jobbik (fundado en 2003), que entró por primera por primera vez en el Parlamento de Hungría en 2010 y desde 2018 es la segunda fuerza en la Cámara.

En Austria, la extrema derecha se encuentra en el centro del poder

En Austria, el partido liberal FPÖ, fundado en 1954, ha estado durante décadas en los nueve parlamentos regionales y en el Parlamento nacional austríaco, siendo en general la tercera fuerza.

La formación, ahora liderada por Heinz-Christian Strache, tiene un 26 % de los votos, muy cerca del socialdemócrata SPÖ, y volvió al poder tras formar una coalición de con el democristiano ÖVP, ganador de las elecciones legislativas.

Además, el FPÖ gobierna en coalición a nivel regional en los estados de Alta Austria (con el ÖVP) y en Burgenland (con el SPÖ).

El programa y las propuestas del partido, fundado en su momento por antiguos jerarcas nazis y con una ideología claramente ultraderechista y eurocrítica, están casi todos centrados o relacionados con el objetivo de reducir la inmigración.

República Checa: en la oposición en un ambiente general de euroescepticismo

La extrema derecha checa, encarnada en el eurófobo Partido de la Democracia Directa (SPD) del checo-japonés Tomio Okamura, con sus proclamas de una salida "a la inglesa" de la Unión Europea (UE) para librarse de los "dictados" de Bruselas, no ha logrado integrar un Gobierno y se mantiene en la oposición.

Eso sí, la agenda euroescéptica no es patrimonio del SDP, y casi todos los partidos en el Parlamento, incluida la formación populista gobernante ANO, la comparten en mayor o menor grado, mientras que en temas de inmigración el rechazo a los refugiados de África y Oriente Medio es la tónica general.

El SDP fue el cuarto partido más votado en los comicios legislativos de 2017, con el 10,6 %, mientras que en las municipales de 2018 logró solo un 0,17 %.