Diario Vasco

Kiev, 13 ene (EFE).- Más de medio siglo después de la muerte del líder nacionalista Stepán Bandera, en Ucrania se ha reabierto el debate sobre el lugar que debe ocupar en la memoria colectiva una de las figuras más polémicas de la historia del país.

Los ucranianos han celebrado por primera vez este año como fiesta nacional el aniversario del nacimiento de Bandera, considerado un héroe, pero que a la vez ha sido acusado de diversos crímenes.

La Rada Suprema (Parlamento) de Ucrania declaró oficialmente el 1 de enero como día conmemorativo del nacimiento de Bandera, homenajeado por su papel como promotor del movimiento independentista y de liberación nacional contra los regímenes ocupantes durante la Segunda Guerra Mundial.

"Bandera era un fanático de la idea de la independencia de Ucrania y luchó por ella con todos los medios disponibles en aquel entonces. Obviamente, sus métodos no fueron democráticos", explicó a Efe el historiador y periodista ucraniano Grigory Lugovsky.

Nacido el 1 de enero de 1909, Bandera fue uno de los fundadores del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) -la rama militar de la Organización de Nacionalistas Ucranianos-, que lideró la resistencia armada contra la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin.

Pese a ser una figura contradictoria en Ucrania -acompañada de calificativos que oscilan entre patriota y fascista-, ha recibido la condecoración del Gobierno a título póstumo como héroe nacional y miles de personas le rinden tributo cada año.

En los últimos años se han erigido varias estatuas conmemorativas en distintas ciudades de Ucrania, mientras que en la capital una importante calle fue renombrada como Avenida de Stepán Bandera.

Diversos historiadores, así como políticos de Rusia y Polonia han condenado su glorificación y le han tachado de nacionalista radical o terrorista por su presunto colaboracionismo con los nazis para luchar contra la coalición anti hitleriana.

Según señala Lugovsky, la cooperación de Bandera con los alemanes solo tuvo lugar en la etapa inicial de la guerra con el objetivo de atacar al Ejército soviético, y se debe a que veía a Alemania como un aliado temporal para liberar a Ucrania de la dictadura de Stalin.

"Los nacionalistas ucranianos se hicieron ilusiones sobre la posibilidad de crear su propio Estado bajo el protectorado de Alemania. Pero muy rápidamente estas ilusiones fueron disipadas por las acciones del régimen ocupante", afirmó el historiador.

Y es que en 1941 Bandera declaró la independencia de Ucrania, pero Hitler se negó a otorgarle la soberanía y ordenó su detención en el campo de concentración de Sachsenhausen, donde el líder nacionalista permaneció prácticamente hasta el final de la guerra.

Como apunta el politólogo Román Solomoniuk, aunque Bandera pasó mucho tiempo en la cárcel, bajo su liderazgo la UPA combatió a alemanes, soviéticos y polacos. Todo ello bajo una estrategia cambiante que perseguía sus propios beneficios políticos y que se resume en la frase "El enemigo de mi enemigo es mi amigo".

"En aquel momento la URSS era un enemigo mucho más grande para los ucranianos que el Tercer Reich (de Hitler)", aseguró a Efe Solomoniuk, quien recordó que durante los primeros años de la guerra el régimen soviético deportó a más de 300.000 ucranianos, gran parte de los cuales fueron fusilados.

A partir de 1943 el Ejército Insurgente Ucraniano protagonizó batallas a gran escala contra las tropas alemanas, pero también cometió acciones terroristas contra rusos y polacos que, a su juicio, fueron "una especie de represalia" por la ejecución de miles de civiles ucranianos por ambos estados antes y durante la guerra.

El UPA fue acusado del asesinato del ministro del Interior de Polonia Bronislaw Peratsky y de la posterior matanza de polacos en la ciudad ucraniana de Volinia.

Asimismo, Solomoniuk alega que Bandera también fue víctima del fascismo, ya que sus dos hermanos fueron asesinados en el campo de concentración de Auschwitz en 1943 y sus padres fueron ejecutados por la policía secreta soviética, tal y como confirman archivos publicados recientemente por la CIA.

Tras el fin de la guerra, Stepán Bandera continuó luchando por la independencia de Ucrania hasta que en 1959 fue asesinado por un agente de la KGB rusa en la ciudad alemana de Múnich.

Ahora, 60 años después de su muerte el debate sobre el lugar que debe ocupar en la memoria colectiva no sólo continúa abierto, sino que se ha extendido a uno más amplio que utiliza el culto a Bandera como una forma de defender una Ucrania independiente y soberana, libre de la esfera de influencia soviética y rusa.