Diario Vasco

Belgrado/Zagreb 13 ene (EFE).- Vanja, de 25 años, madre de dos hijos y embarazada de un tercero, lleva ya más de un mes en una casa de acogida en las afueras de Belgrado donde se ha refugiado ante la repetida violencia que sufre a manos de su pareja.

La joven es solo una de miles de mujeres en las repúblicas exyugoslavas que afrontan a diario este tipo de agresiones.

En Serbia, una de cada dos mujeres está expuesta a alguna forma de violencia doméstica en algún momento de su vida, explica a Efe Tanja Ignjatovic, del Centro Femenino Autonómico, que coordina una red de 25 ONG dedicadas a este problema.

Según la activista serbia, la gran mayoría de estos abusos (71 %) son cometidos por parejas actuales o anteriores de las mujeres.

"En mayo (2018), mi marido me golpeó tanto que terminé en Urgencias", cuenta a Efe Vanja, cuyos hijos tienen 3 años y diecisiete meses.

Los maltratos físicos, psíquicos y sexuales se repetían y se intensificaban, pero la mujer no encontró apoyo ni comprensión de sus familiares más próximos.

"He sufrido, como otras muchas mujeres. El problema es que después de encontrar protección, algunas nos fiamos de las promesas (del agresor) de que cambiará, y regresamos a casa", señala.

"Pero ¿qué pasa entonces? Una esquela mortuoria con nuestra imagen. No quiero eso, quiero vivir y criar a mis hijos", dice.

Según datos recopilados por el grupo de Ignjatovic, 26 mujeres fueron asesinadas en 2017 por parejas y familiares varones en Serbia, un país con 7,5 millones de habitantes.

La cifra aumentó el año pasado, pues hasta diciembre se habían registrado 28 víctimas mortales de violencia machista. En España, con 45 millones de habitantes, se produjeron el año pasado 46 asesinatos de este tipo.

"Serbia es todavía una sociedad profundamente patriarcal que promueve roles tradicionales de la mujer y el varón. Por ejemplo, se sigue fomentando una masculinidad machista. Los hombres son privilegiados", explica la activista.

Todo ello, a pesar de que en este país hay varias mujeres en cargos máximos, como la primera ministra, Ana Brnabic, o la gobernadora del Banco Central, Jorgovanka Tabakovic.

Si bien hay un sólido marco legal de protección de la víctima y la aplicación de medidas básicas de protección es rápida, los procesos judiciales suelen ser muy lentos.

El número de denuncias va en aumento, y en 2016 los centros sociales registraron 23.200 casos de violencia machista en Serbia, con respecto a 13.400 en 2014.

Otro factor en los Balcanes Occidentales es la traumática experiencia de las guerras en diferentes repúblicas exyugoslavas en la década de 1990, donde las violaciones fueron usadas como un arma en todos los bandos del conflicto.

En Bosnia-Herzegovina, donde la guerra fue más larga y sangrienta, la policía reacciona hoy solo en la mitad de los 3.000 casos de violencia machista que se denuncian cada año.

Según la Agencia de Igualdad de Género de Bosnia, un país dividido en dos entes (uno serbio y otro croata-musulmán), la violencia machista es tratada en los procesos judiciales como un acto de "menor peligro social", lo que conlleva que las penas emitidas sean más bien leves.

Mientras, en Kosovo, una antigua provincia serbia independiente desde 2008 y cuya sociedad sigue siendo tradicional y patriarcal, también cerca del 70 % de las mujeres se ven a lo largo de su vida expuestas a alguna forma de violencia.

Pero al mismo tiempo, una de cada cinco mujeres considera "correcto" que el hombre pueda golpear a su mujer, reveló una reciente encuesta publicada por la oficina kosovar de ONU Mujeres.

En Croacia, de 4,5 millones de habitantes y miembro de la Unión Europea desde 2013, "falta una educación sistemática sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres", denuncia a Efe Svjetlana Knezevic, de la ONG B.a.b.e.

"No existe una consciencia amplia de que la violencia contra la mujer representan una violación inadmisible de los derechos humanos", asegura la activista, cuya organización se dedica a la defensa de los derechos de las mujeres en Croacia.

En 2017, la policía registró denuncias contra 11.500 personas por actos de violencia doméstica, cometidos casi siempre por hombres.

Solo un 7 % de los agresores fueron condenados a penas de cárcel, mientras que un 63 % fueron multados o condenados a penas condicionales.

"Sanciones suaves no desalientan a los agresores pero señalan a las víctimas que no vale la pena denunciar la violencia sufrida. Solo una de cada 20 mujeres agredidas denuncia los abusos" y la mayor parte de los casos queda sin registrar, lamenta Knezevic.