Diario Vasco

París, 7 dic (EFE).- Francia, y especialmente París, se pertrecha ante las protestas mañana de los "chalecos amarillos", un movimiento que el Gobierno considera que se está deshinchando y degenerando en violencia, instrumentalizado por grupúsculos extremistas.

Ante el mutismo del presidente, Emmanuel Macron, que con el argumento de no atizar más el fuego no hablará hasta después de esa jornada de movilización, han sido su primer ministro, Édouard Philippe, y su ministro de Interior, Christophe Castaner, los encargados de comunicar su estrategia.

El Gobierno prevé "una movilización excepcional" de 89.000 agentes de las fuerzas del orden -frente a los 65.000 del pasado sábado-, de los cuales 8.000 en París, donde se recurrirá a una docena de vehículos blindados de la Gendarmería especializados en desmontar barricadas.

Castaner subrayó hoy la deriva violenta en las tres últimas semanas de los "chalecos amarillos", manipulados a su juicio por "grupúsculos extremistas", y destacó a su vez la caída de la movilización.

Desde las 282.000 personas que la policía contabilizó en la primera jornada de manifestaciones, el 17 de noviembre, se ha pasado a los alrededor de 10.000 actualmente, "una pequeña minoría", en sus palabras.

El ministro insistió en los elementos que preludian un nuevo sábado con altercados que podrían ser mas graves que hace una semana, como la posible presencia incluso de armas de fuego entre los manifestantes.

"Frente a la violencia sistemática, organizada, nuestras fuerzas responderán con firmeza", advirtió Castaner. Su Gobierno no se ha cansado de repetir la consigna para que los "chalecos amarillos" que se consideran pacíficos no vayan a París porque corren el riesgo de verse atrapados por la violencia.

Los principales monumentos y museos de la capital francesa -una de las ciudades del mundo que más turistas recibe- permanecerán cerrados mañana, empezando por la torre Eiffel, el Arco de Triunfo, el Louvre o la Ópera.

La alcaldesa, Anne Hidalgo, explicó que se han retirado más de 2.000 elementos de mobiliario urbano y cientos de barreras de obras para impedir que se usen como proyectiles.

Desde primera hora, mañana se aplicarán restricciones a la circulación y al aparcamiento en las principales zonas sensibles, como la plaza del Arco del Triunfo o las de República y la Bastilla, y se cerrarán también algunos mercados, gimnasios, jardines y edificios municipales de atención al público.

Por toda Francia se han anulado decenas de partidos de fútbol, eventos festivos e incluso otras manifestaciones que estaban programadas desde hace tiempo.

Esta tarde está convocada una última reunión de crisis del Gobierno, que esta mañana escenificó su voluntad de diálogo con una reunión de la ministra de Trabajo, Muriel Pénicaud, con los sindicatos y la patronal.

El encuentro trató de explorar pistas para la que parece la reivindicación más compartida por los "chalecos amarillos", la mejora del poder adquisitivo.

El Ejecutivo apuesta en primer lugar por una prima excepcional de fin de año libre de cargas, que la patronal Medef está dispuesta a aceptar, pero siempre que sea voluntaria.

No hubo representantes de los "chalecos amarillos", algunos de cuyos portavoces han sido víctimas de amenazas por parte de otros miembros del colectivo al querer implicarse en las negociaciones.

Varios de esos representantes, agrupados bajo la denominación "chalecos amarillos libres", hicieron hoy un llamamiento para no acudir a París y "pasar de esta fase de violencia a una fase de diálogo".

Por boca de Benjamin Cauchy, portavoz de esta corriente moderada, instaron a los franceses "a no caer en esa trampa y a manifestarse de la forma más pacífica posible", porque temen que haya "muertos", pero también reprocharon a Macron que no los haya recibido y esté "encerrado en su palacio".