Diario Vasco

Quito, 7 dic (EFE).- El nuevo embajador de Ecuador en el Reino Unido, Jaime Marchán, viajará próximamente a Londres con el objetivo de fomentar una relación bilateral castigada por el caso del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, pero que considera "no está condicionada por su asilo" en esa legación.

"Las instrucciones que he recibido son muy claras y se orientan esencialmente en repotenciar las relaciones del Ecuador con el Reino Unido", explicó en una entrevista este diplomático de carrera que entre 1975 y 1978 fue cónsul y encargado de negocios también en la legación de Londres.

De 71 años y oriundo de Quito, desde que fuera designado embajador Marchán, ultima los preparativos para viajar la próxima semana a esa embajada, que desde hace seis años está en el foco público.

Se ha fijado entre sus objetivos "salir un poco de la zona de reflectores mediáticos en relación al tema del señor Assange", una exposición que no beneficia a los intereses de Ecuador, que desde hace más de un año trata de buscar una salida a la situación del fundador del portal WikiLeaks y que fue naturalizado ecuatoriano para que pudiera dejar la sede diplomática, aunque sin éxito.

"En los últimos años, debido a la situación que tenemos en la embajada, ha habido un enfriamiento y distanciamiento obligado de las relaciones", reconoció Marchán al explicar que se debe a dos visiones radicalmente contrarias sobre el asilo.

Así, recuerda que "Reino Unido no reconoce las obligaciones de respetar el asilo en virtud de que no es suscriptor de las convenciones internacionales", mientras que Ecuador forma parte de esas convenciones, especialmente las americanas.

Assange fue asilado por Ecuador en su embajada en Londres en 2012, cuando entró bajo el argumento de que temía ser arrestado en territorio británico y más tarde deportado a Estados Unidos, donde podría ser juzgado por la publicación de documentos militares y diplomáticos clasificados.

La justicia británica lo buscaba por haber violado una medida cautelar de arresto domiciliario en relación a un requerimiento de las autoridades suecas de 2010, a raíz de las acusaciones de dos mujeres por violación, que él niega, una causa finalmente archivada en Suecia.

Ecuador ofreció este año a Assange que acatara un protocolo que estipula distintas normas de convivencia dentro de la embajada o que se entregara voluntariamente a la Justicia británica con ciertas garantías.

"No dieron resultado ni la nacionalización ni esa frustrada intención de darle un nombramiento diplomático. De manera, repito, veo más en la esfera del señor Assange que el tenga que tomar una decisión", dijo el embajador.

A cambio de entregarse, dos ministros de Exteriores británicos, Boris Johnson y Jeremy Hunt, garantizaron a Ecuador que no le extraditarían a ningún país donde hubiera pena de muerte.

"El Gobierno de Ecuador considera que la obtención de estas garantías es suficiente como para establecer un ambiente de seguridad jurídica con la que el señor Assange quiera considerar libre y voluntariamente la opción de comparecer ante la Justicia británica", consideró.

Fue en agosto pasado cuando Marchán conoció personalmente a Assange, tras ser encargado por el canciller ecuatoriano, José Valencia, de que le hiciera llegar una comunicación en respuesta a otra de su abogado Baltasar Garzón, en momentos en los que ya se dirimía la cuestión del protocolo.

Ante la misión que tiene que afrontar, Marchán defendió que "la embajada no es un campamento de asilo, sino una misión diplomática que tiene una gestión diaria que cumplir".

Puntualizó que cuando el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, se refiere al caso como un "problema incómodo", lo hace desde la convicción humanitaria de que "no quisiera que eso se prolongue".

"Hemos heredado esa situación, estamos obligados a respetarla y queremos respetarla", apostilló.

Reveló también un aspecto poco conocido y es que la prolongada situación de asilo "redujo el espacio operativo de la embajada y el Estado ecuatoriano tuvo que afrontar un alto costo" y alquilar viviendas fuera de ese inmueble del centro londinense.

"No es una cuestión de dos, tres, cuatro o cinco millones de dólares, es el daño incuantificable que esta situación ha producido al Ecuador en su relación con el Reino Unido", argumentó.

Pero al mismo tiempo cree que ese "enfriamiento" en la relación bilateral allana el camino a la mejora de los lazos diplomáticos y en otros ámbitos, como el cultural, el político o el comercial.

Sobre todo, en momentos en los que el Reino Unido busca desengancharse de la Unión Europea y "contempla acuerdos comerciales con otros países para acomodar sus exportaciones", y Ecuador aspira a ser un interlocutor.