Diario Vasco

Barcelona, 7 nov (EFE).- Que Gandhi se carteara con Hitler, los devaneos nazis de Mitterrand o la responsabilidad de Alfonso XIII en la introducción del porno en España son algunas revelaciones del libro "El club de los execrables", con el que Malcolm Otero y Santi Giménez muestran "la cara B de gente inequívocamente admirable".

Tanto el origen de "El club de los execrables" (Ediciones B) como de sus dos volúmenes precedentes en catalán ("Il·lustres execrables") se encuentra en la sección que ambos autores tienen en un programa radiofónico semanal en RAC1, han explicado a Efe en una entrevista ambos autores, que desde un principio decidieron "acabar con los mitos hablando mal y rajando de ellos".

Giménez precisa que se han centrado en "gente que inequívocamente eran admirables y que no tenían ningún recoveco de maldad", pero cuando comenzaron a investigar en una "cruzada contra el fanatismo buenista y esa tendencia a hablar bien de los muertos" salió esa "cara oculta".

Ese proceso ha sido "doloroso" porque caen mitos que ambos admiran bastante como Ernest Hemingway, Charles Chaplin, Peter Sellers o John Belushi, "al que le teníamos una simpatía infinita y le sacamos el lado oscuro y no le sacamos el hígado, porque no quedaba".

El bisturí de Otero y Giménez no pudo sin embargo con personajes como Bruce Lee, "que era un tipo muy normal", ni con Nelson Mandela, ni con Tutankamon ("la momia más famosa y resulta que era un pobre chico, que era medio cojo, con problemas de columna y vivía en una corte de intrigas", sostienen).

Para el futuro no descartan incluir entres sus ilustres execrables a Montserrat Caballé, y otros que "están cantados para el día que mueran" como Roman Polanski, Bill Cosby o Woody Allen.

Sobre este último, Otero aclara que "se debe disociar la biografía de su obra, y, por tanto, se deben seguir viendo las películas de Woody Allen si te gustan", algo que hacen extensible a otros artistas como Elia Kazan, "un delator, deleznable, pero que tiene obras maestras, o James Joyce, que era un coprófilo (que experimentaba excitación sexual con las heces) y un celoso de carácter cambiante".

Peter Sellers, añade Otero, era "un genio, pero en su vida maltrataba a sus parejas y se comportaba como un cabrón con sus hijos, a los que, como gracia, en las fiestas hacía que hicieran unas rallas de cocaína".

Son también diana de las ironías de Otero y Giménez Ronald Reagan, Manuel Fraga y Adolfo Suárez, "a quien se han dedicado panegíricos cuando en realidad era inculto, no había leído nunca un libro y era el típico recomendado del franquismo, que nos prosperó hasta que por su inteligencia se arrimó al rey Juan Carlos viendo que era el futuro ".

Sorprende la inclusión en el libro de Gandhi, que "tuvo una interesante correspondencia con Hitler, además de que se acostaba desnudo con niñas, para entrar en calor y para vencer las tentaciones" y aún más del payaso Charlie River, que "también escribía cartas a Hitler, era nazi antes de Hitler, y cuando los alemanes invadieron Polonia, la compañía de circo de su familia decidió no volver a Berlín, todos menos él, que se quedó en Alemania y que incluso denunció a su familia, que estaba en París".

No menos sorprendente es la historia de Jacques-Yves Cousteau, "responsable del mayor desastre biológico en el Mediterráneo" y que, como la mayoría de los franceses, François Mitterrand incluido, se reinventó un pasado en la resistencia, aunque pocos saben que su primer documental sobre animales marinos fue pagado por la Alemania nazi", añade Giménez.

La política y el espectáculo proporcionan a menudo candidatos porque "ya se sobreentiende que llevan en su mochila esa parte execrable como De Gaulle, Kennedy o Winston Churchill.

Otero y Giménez no han querido hablar de "malvados tipo Hitler o Michael Jackson", porque eran demasiado obvios y, en cambio, prefieren buscar en los recovecos de la Historia, como sucede con "Karl Marx, patrón del comunismo, que vivía de nini del dinero de Engels, que era el pagafantas de la historia".

En la misma Historia universal los autores hallan vidas execrables en Alfonso XIII, "introductor del porno en España", o en el papa Juan Pablo II, "por el daño que hizo a la humanidad hablando mal de los preservativos en plena eclosión del sida; por su lucha contra la Teoría de la Liberación, por la protección de la pederastia en casos como Marcial Maciel y el obispo de Boston, y por ser el gran causante del escándalo financiero del Vaticano, en el que ejercía como un auténtico padrino".