Diario Vasco

Guiumri , 7 dic .- En Guiumri, la segunda ciudad armenia, aún son muy visibles las secuelas del devastador terremoto que azotó el país hace hoy treinta años, borrando de la faz de la tierra localidades enteras y dejando sin hogar a medio millón de personas, algunas de las cuales siguen viviendo en alojamientos provisionales.

Según dijo a Efe el director de la Fundación "Guiumri arants tnakneri" (Guiumri sin casas provisionales), Mher Khachatryan, a día de hoy en esta urbe de cerca de 120.000 habitantes hay 2.826 refugios temporales para los damnificados por el seísmo de 1988.

"Estamos hablando de unas 10.000 personas", precisó Khachatryan.

Ese es el caso de la familia Matevosián, que lleva treinta años atrapada en una vivienda hecha con materiales de bajo coste.

"En una de las paredes nos ha salido el mapa de Armenia por la humedad. Somos seis, pero los mayores se han ido en busca de una vida mejor", comentó Mariam, de 52 años.

Los Matevosián están en la lista de espera para recibir un alojamiento permanente, pero cada año se les pide esperar "un poquito más" porque, dicen, en primer lugar, se entregan casas nuevas a las familias con hijos pequeños.

"¿Y qué culpa tenemos de que nuestros hijos ya sean mayores?", lamenta la mujer.

La ONG, que desde su creación hace tres años ya ha ayudado a veintinueve familias, estima que para solucionar el problema de la vivienda en la ciudad se requieren "entre 25 y 30 millones de dólares".

"Se puede hacer en uno o, máximo, dos años", indicó su director, quien recalcó que lo único que se necesita ahora es "voluntad política".

El 7 de diciembre de 1988, "a las 11.41, las montañas se estremecieron y la tierra tembló con enorme fuerza", reza una de las placas al pie del monumento a las víctimas del terremoto y a las personas que participaron en las tareas de salvamento.

La escultura inaugurada hace diez años representa una montaña de personas y bloques de hormigón, en honor a los más de 25.000 fallecidos bajo los escombros y miles de voluntarios que trabajaron día y noche para mitigar las consecuencias de la catástrofe.

Una marea humana se acercó hoy a este lugar para rendir homenaje a las víctimas del desastre que hace 30 años paralizó Armenia y conmocionó al mundo entero.

También asistieron al acto los voluntarios y un grupo de profesionales de la central atómica armenia de Metsamor, cuyo representante recordó que este equipo fue el primero en entrar en Leninakan (nombre soviético de Guiumri) tras el seísmo.

"Nada más entrar, nos mandaron a una escuela, de donde recuperamos los cadáveres de 400 niños", recordó un veterano a Efe.

Ante los asistentes intervino el primer ministro interino de Armenia, Nikol Pashinián, quien lamentó que treinta años después del terremoto aún exista la "zona del desastre".

"A los afectados por el terremoto quiero decirles lo siguiente: queridos compatriotas, sus dolores están en mi corazón, sus necesidades, en mi mente y sus anhelos, en mi alma. Y eso me permite decir con seguridad que todo estará bien, todo realmente estará muy bien", prometió.

En 1988, el seísmo duró 30 segundos, lo suficiente para que dejara de existir la ciudad de Spitak, en el epicentro del temblor, donde el movimiento telúrico marcó 10 grados de magnitud en la escala de Richter.

Mientras, Guiumri, Vanadzor (antigua Kirovakan) y centenares de aldeas en la zona quedaron parcialmente destruidas.

Más de 140.000 personas quedaron inválidas y unas 514.000 perdieron su hogar, según las cifras oficiales.

La comunidad internacional se volcó en masa con Armenia después del terremoto, enviando medicamentos, personal de emergencia y ayuda humanitaria.

El Gobierno soviético esperaba concluir las labores de reconstrucción en menos de un lustro, pero la desintegración de la URSS en 1991 fulminó esos planes y centenares de miles de damnificados de la noche a la mañana se vieron en una situación precaria y con un futuro incierto.

La frágil economía del joven Estado, el conflicto con la vecina Azerbaiyán por el control de Nagorno Karabaj y la rampante corrupción ralentizaron las tareas de reconstrucción durante años y ahora, tres décadas después, el fantasma del terremoto aún planea sobre Guiumri.

Con todo, las nuevas autoridades armenias, que llegaron al poder tras una revuelta popular la primavera pasada, están decididas a solucionar cuanto antes el problema, para ayudar al sufrido pueblo a cicatrizar una de las heridas más profundas de su historia reciente.

"¡Viva Pashinián!", coreaban los habitantes de Guiumri al paso del primer ministro, al que agradecen haber dedicado una especial atención al aniversario.