Diario Vasco

Madrid, 7 dic (EFE).- Desde que se hizo la primera propuesta de ordenador cuántico han pasado 23 años, en los que se han conseguido varios prototipos, cada vez mejores pero aún con errores, afirma el físico español Juan Ignacio Cirac, para quien la apuesta actual de varios países, no tanto España, podría acelerar mucho el proceso.

Cirac, junto al austríaco Peter Zoller, fue quien realizó en 1995 ese primer modelo de computador cuántico -se conoce como la propuesta Cirac-Zoller- y desde entonces han sido muchos los avances y muchos los investigadores, centros o empresas que están haciendo una apuesta, relata en una entrevista con Efe el científico español.

"Hemos demostrado que es posible, que los ordenadores cuánticos funcionan y que son capaces de hacer cálculos de manera mucho más rápida y segura que los actuales, incluso que los supercomputadores", resume este científico, director de la División Teórica del Instituto Max-Planck de Óptica Cuántica en Munich.

Estos, para hacer sus operaciones, trabajan a nivel atómico y por lo tanto siguiendo las normas de la física cuántica -rama de la física encargada de estudiar objetos microscópicos, como átomos-.

Esta física tiene propiedades extraordinarias, aunque, admite Cirac, "difíciles de entender para alguien que no trabaje en este campo", y son las que usan estos ordenadores para hacer sus operaciones, de manera más veloz y segura -estos funcionan con átomos individuales que se denominan 'qubits' y no con bits-.

Además, son capaces de trabajar en paralelo, resolviendo un número exponencial de tareas a la vez -un PC normal para 'romper', por ejemplo, una clave encriptada lo hará secuencialmente, es decir, estudiará una a una las distintas combinaciones de números hasta dar con la contraseña, uno cuántico no; podría trabajar con miles a la vez en un solo segundo-.

¿Y para que funcionen qué tienen que tener? Cirac, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2006, detalla que para empezar es necesario un laboratorio completo.

No hay que imaginarlos como los del trabajo o casa, no hay memoria ni disco duro, sino una instalación más o menos grande, bien aislada, a una temperatura baja determinada y con varios equipos muy sofisticados.

Los prototipos funcionan, pero cada vez que se hacen más potentes necesitan de más aislamiento y este es uno los problemas con los que actualmente se encuentran los investigadores.

Otro, agrega Cirac, es la corrección de errores. Los clásicos están construidos con mecanismos para corregir errores y los cuánticos aún necesitan de más investigación en este terreno.

No obstante, serán una realidad y estarán en nuestra vida diaria, aunque, debido a su complejidad, van a tardar tiempo: el que haya empresas, ingenieros y planes internacionales -Europa tiene un proyecto de mil millones- o que EEUU y China "lo vean como una misión, va a acelerar mucho el proceso, que será progresivo".

"Pueden tardar 20 años, no lo sé, pero antes, habrá ordenadores que resuelvan problemas concretos", apunta Cirac, estos días en Madrid invitado por la Fundación Ramón Areces para impartir una charla y por el Instituto de Ciencias Matemáticas para una estancia.

Cirac, para quien estos ordenadores resolverán primero problemas vinculados al estudio de materiales, declara que en España hay grupos científicos teóricos y experimentales "muy potentes" en este campo, pero en ciertas "condiciones de desventaja".

Países como Alemania o Gran Bretaña han hecho fuertes inversiones en computación cuántica, no así países del sur como Italia o España: "en los temas importantes para estar en los puestos de salida hay que hacer grandes inversiones y ahí está la desventaja española".

La tecnología cuántica va más allá de los ordenadores; por ejemplo, se está desarrollando para la comunicación, para sensores cuánticos -para aparatos médicos como los usados en resonancias magnéticas nucleares- o dispositivos cuánticos que se instalarán en las próximas generaciones de móviles.

Parte de esta tecnología terminará usándose a nivel usuario: la física cuántica tiene dos tipos de leyes, una, "más mundana y menos extraordinaria", que ya usamos mucho y está en ordenadores, láseres o sistemas electrónicos, y otra, "más sensible y complicada", en los cimientos de los ordenadores cuánticos.

Cirac, quien señala que "estamos en la segunda revolución cuántica", no tiene entre sus planes volver a España, "estoy bien donde estoy, no me iría a ningún otro sitio del mundo", y, si bien alaba el nivel en general de la ciencia, dice que aquí no existe "una atmósfera" de apoyo a la investigación; en Alemania es una prioridad para la sociedad, política e industria.

Sobre las quinielas del nobel en las que aparece, asegura no trabajar para obtener premios: "España terminará por tener otro nobel, pero no voy a ser yo, será Francis Martínez Mojica -por el CRISPR- o alguno de los jóvenes que ahora están en sus doctorados con ideas brillantísimas".