Diario Vasco

París, 7 dic (EFE).- La anunciada despedida del Aquarius pone fin a la misión de un barco de salvamento emblemático en el Mediterráneo central, que desde que zarpó por primera vez en febrero de 2016 desde el puerto de Marsella ha asistido a casi 30.000 personas en aguas internacionales.

SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras (MSF) avanzaron en la noche del jueves que ponen fin a sus operaciones como consecuencia de una campaña de hostigamiento atribuida al Gobierno italiano con el respaldo de otros Estados europeos, pero dejaron claro hoy que no han bajado los brazos.

"Volveremos al mar. Debemos hacerlo. No abdicamos. Es nuestro deber moral y un deber legal desde el primer día. Paradójicamente, aunque la ocasión pueda parecer un poco solemne, estamos más fuertes que nunca", dijo en conferencia de prensa la vicepresidenta de SOS Méditerranée, Sophie Beau.

Esa ONG es la responsable del flete del navío, de su navegación y de la búsqueda y salvamento de embarcaciones en peligro, mientras que MSF se encarga de la acogida y de los cuidados a los rescatados a bordo y participa en su financiación.

Al Aquarius, por supuestas presiones diplomáticas, se le ha retirado este año en un par de ocasiones el pabellón, primero el de Gibraltar y luego el panameño, y el barco, amarrado desde hace dos meses en Marsella, afronta ahora denuncias de "actividad criminal" que ambas organizaciones ven infundadas.

"Nuestra energía debe estar puesta en la vuelta al mar", indicó hoy el director de Operaciones de SOS Méditerranée, Frédéric Penard, para justificar la decisión de dejar atrás ese barco y de negociar con otros armadores una nueva embarcación con la que confían en estar operativos a comienzos de 2019.

El contrato del Aquarius acaba este 31 de diciembre y no lo renovarán. "Buscamos un barco suficientemente grande, autónomo, con capacidad para desarrollar exactamente las mismas opciones de rescate y el mismo modelo operativo e incluso mejorarlas", sostuvo Penard.

El Aquarius, de 77 metros de eslora, se había convertido según sus responsables en un "símbolo", tanto de "esperanza" como "del fracaso de los Estados europeos", y quizá por eso también fue blanco de ataques ante los que prefieren pasar página.

SOS Méditerranée no quiso desvelar hoy las negociaciones en marcha ni sus preferencias para no dar a sus detractores la posibilidad de boicotearlas.

"El pabellón que ondeará en el próximo navío es el de un Estado que apoyará sus valores por lo que son, es decir, valores no negociables, los de la asistencia a personas en peligro en el mar", dijo Penard, para quien todos aquellos que hayan firmado las convenciones marítimas son posibles candidatos.

De momento, el final forzado del Aquarius llega en una situación considerada crítica: se calcula que 2.133 personas se han ahogado en el Mediterráneo en 2018 y que más de 1.300 de esas muertes tuvieron lugar en el Mediterráneo central.

"Los Estados miembros de la UE han agravado el sufrimiento al permitir que los guardacostas libios intercepten en el mar a más de 14.000 personas en lo que llevamos de año y las devuelvan por la fuerza a Libia", país del que partieron muchos de esos inmigrantes, según un comunicado conjunto de las dos ONG.

En su intervención en París pidieron a los países europeos una solución "para la tragedia en el Mediterráneo" y reclamaron el apoyo de la sociedad civil: cada día en el mar le cuesta 11.000 euros, el 93 % del presupuesto de SOS procede de donaciones privadas y el coste del flete no desaparece aunque el barco esté varado.

Asimismo, denunciaron que se criminalice el trabajo de salvamento de asociaciones como las suyas.

"El fin de las actividades promigrantes del Aquarius, cómplice de las mafias de traficantes, es una excelente noticia para los pueblos de Europa. Es el fin de una impostura pseudohumanitaria y verdaderamente 'inmigracionista', que había durado demasiado", afirmó en Twitter la líder ultraderechista gala Marine Le Pen.