Diario Vasco

Nueva Delhi, 11 nov (EFE).- Las ventas de juguetes sexuales en la conservadora India han vivido un auge en los últimos meses de la mano de varias películas inusualmente explícitas y un mercado de millones de compradores potenciales que los vendedores esperan que crezca aún más, pero limitado por una ambigua ley sobre la obscenidad.

La película "Veere Di Wedding", que cuenta la historia de cuatro amigas en torno a la boda de una de ellas, y "Cuatro historias de deseo" tienen en común que en ambas aparecen mujeres usando juguetes sexuales, mientras que el film feminista "Pintalabios bajo mi burka" presenta a cuatro mujeres que se rebelan contra su destino.

"Cuando esas películas aparecieron, la gente empezó a buscar estos productos y cómo utilizarlos. Vendimos unos 1.200 vibradores la semana del estreno de 'Cuatro historias', un buen número si se tiene en cuenta que de media vendemos entre 150 y 200 a la semana", explica a Efe el cofundador de la página de venta por internet de juguetes sexuales IMbesharam, Raj Armani.

Armani, un empresario indio que dirige desde Estados Unidos su empresa centrada en el país asiático, destaca que la demanda de juguetes para adultos en el país del "Kamasutra" es "cien veces mayor que la oferta" y ha permanecido inexplorada durante años.

En 2013 su compañía estimó que el mercado potencial era de unos 200 millones de dólares, aunque desde entonces afirma "con confianza" que el mercado ha explotado y mueve más de 1.000 millones de dólares.

IMbesharam es una de las empresas de venta en línea que está luchando por llevarse la mayor parte del mercado indio, pero no es la única compañía del sector optimista sobre el futuro de productos que van desde los "dildos" y vibradores hasta objetos más cotidianos como preservativos y lubricantes.

Samir Saraiya, fundador de la compañía india de venta de juguetes para adultos ThatsPersonal ("es personal" en inglés) y anteriormente ejecutivo en Microsoft, sitúa los consumidores potenciales en la actualidad en 40 millones.

"Creemos que en los próximos tres años, esta figura de 40 millones va a sobrepasar los 100 millones a causa del mayor acceso a Internet, el uso de teléfonos inteligentes y a que más gente está comprando en línea", explica a Efe.

Pero a pesar de su optimismo y de seguir en el negocio desde 2013, Saraya reconoce que vender juguetes sexuales en un país tan conservador como la India no es tarea fácil.

La principal traba es el artículo 292 del Código Penal indio, copiado de la Constitución inglesa tras la independencia del país en 1947, que prohíbe la venta y distribución de productos obscenos.

"Por desgracia, la obscenidad no está muy bien definida", sintetiza Saraiya, por lo que antes de empezar a enviar vibradores por correo estudió a fondo la legislación con un amigo abogado y cofundador de la empresa.

"Interpretamos que hay algunos productos que se pueden vender en la India y otros que no se pueden vender", explica: consoladores realistas, muñecas y objetos similares a vaginas están fuera de los ambiguos límites de la legislación.

¿Por qué recurren los indios a comprar juguetes sexuales por internet, en lugar de a tiendas físicas?. Según Saraiya, en primer lugar incluso en la India de las grandes ciudades comprar preservativos en una tienda cerca de casa es un problema.

"Yo mismo me he enfrentado a esa cuestión, porque no me sentía cómodo comprando productos como condones especialmente cerca de mi casa, ni siquiera cuando vivía en Singapur", resume.

Los "sex shops" son inexistentes en el país asiático y la única alternativa en ciudades como Nueva Delhi o Bombay es acudir a ciertos mercados conocidos por vender estos productos de forma discreta.

Más baratos, ya que los productos en Thatspersonal e IMbesharam están fuera del alcance del bolsillo de la gran mayoría de indios, pero de calidad inferior.

"Esos productos siempre han estado disponibles desde hace 20 años, pero no son muy higiénicos, no están empaquetados, no han pasado por aduanas y se compran en secreto. La mayor parte de la gente no estaría cómoda yendo a comprar esos productos", sentencia Saraiya.

En el mercado subterráneo de "Palika Bazar", situado en la céntrica Connaught Place de la capital india, vibradores de color rosa y tres velocidades están a la vista en algunas vitrinas.

Uno de los vendedores -que prefirió guardar el anonimato- negó de forma contundente a Efe que se tratase de un juguete sexual y afirmó que son solo para dar "masajes" en el rostro.

Otro comerciante, con el mismo modelo de vibrador oculto en una bolsa de plástico negra bajo el mostrador, explicó que el juguete sexual llegaba de Tailandia y se vende por 200 rupias, algo más de dos euros.