Diario Vasco

Hong Kong, 11 nov (EFE).- El recién estrenado puente marítimo más largo del mundo, que conecta Hong Kong con China, y la nueva línea de ferrocarril que comunica ambos territorios arrastran una nueva polémica en la excolonia británica, la de la llegada masiva de visitantes chinos que crean malestar entre la población local.

Diseñado para unir las ciudades del sur del delta del río Perla en China, el puente Hong Kong-Zhuhai-Macao, una estructura de 55 kilómetros de longitud repartida entre puentes y túneles que conforma el viaducto marítimo más largo del mundo, permite recorrer en 40 minutos lo que antes se hacía en más de cuatro horas.

Las ventajas de esta faraónica infraestructura están siendo disfrutadas en su mayoría por los miles de visitantes chinos que llegan cada día a la isla hongkonesa de Lantau, el primer punto de tierra de la excolonia británica que conecta con el puente.

La localidad de Tung Chung, situada en Lantau, en las cercanías del aeropuerto de Hong Kong y con 250.000 habitantes, recibió el pasado domingo más de 100.000 personas que habían llegado a través del megapuente.

La red de autobuses locales se colapsó, los comercios que vendían productos básicos como agua o comida rápida quedaron desabastecidos y las calles se inundaron de basura, según comentaron esta semana vecinos y agrupaciones sociales que ya han elevado la voz hacia las autoridades locales para que controlen la situación.

"La marabunta es evidente, muchos llegan a través de empresas de turismo chinas que operan ilegalmente en Hong Kong y les traen para hacer publicidad del puente", dijo a Efe Caroline Tseng, que trabaja en el área.

El caos llevó a los gobiernos de ambos lados del puente a dar una respuesta oficial el viernes, comprometiéndose a ejercer "un mayor control" sobre de las empresas que operan los medios de transporte y los servicios turísticos en el viaducto.

A esta saturación, se unen los turistas que llegan mediante la línea de tren de alta velocidad entre Hong Kong y Shenzhen, que está siendo un éxito desde su apertura a mediados de septiembre.

El nuevo tramo ferroviario conecta por primera vez Hong Kong con la red de alta velocidad china y permite reducir a más de la mitad en tiempo el recorrido entre la excolonia británica y la ciudad china de Cantón (de dos horas a 48 minutos).

Según fuentes ferroviarias de Hong Kong, un mes después de su entrada en circulación, el enlace alcanzó el 63 % de la ocupación prevista y más de un 1,5 millón de personas llegaron o salieron de Hong Kong a través de este medio de transporte, con una media de 50.000 personas diarias.

Las predicciones oficiales son que esta cifra se eleve un 40 % el próximo año, con 2,4 millones de pasajeros mensuales, repartidos en 80.000 viajeros al día.

Desde su apertura, la estación hongkonesa, situada en el área meridional de la península de Kowloon, es escenario de un ir y venir constante de viajeros cargados de maletas y grupos de turistas chinos.

"Los comercios están creciendo en la zona y el tráfico está siendo más intenso, veremos cómo transcurren las próximas semanas, pero ya se empieza a notar un poco de agobio en las áreas públicas", dijo a Efe Sabrina Ho, una vecina de la zona donde está ubicada la estación, rodeada de rascacielos.

Entre 70 y 82 trenes realizan semanalmente el recorrido que parte de Hong Kong y termina en Pekín, con 44 paradas entre ambos puntos, incluida una en Shanghái.

La puntualidad de la línea y su coste competitivo la convierten en un serio rival del transporte aéreo, que maneja precios más elevados además de retrasos causados por las restricciones del espacio aéreo que se aplican con asiduidad en China.

El encarecimiento del precio de los hoteles podría convertirse en otro problema para Hong Kong, con cerca de 80.000 plazas hoteleras disponibles pese a la llegada masiva de visitantes y que ha elevado las tasas de ocupación a máximos históricos.

Tanto el enlace ferroviario como el macro puente son los dos macro proyectos ideados para fomentar la integración económica entre Hong Kong y las ciudades sueñas de China, conocida como la gran bahía del delta del río Perla, que aspira a convertirse en un rival potencial en tecnología de Silicon Valley.