Diario Vasco

Bogotá, 10 nov (EFE).- La cercanía que encontró entre "los habitantes de calle" y su hijo llevó a la novelista y poetisa colombiana Piedad Bonnett a escribir su más reciente obra, "Donde nadie me espere", en la que plasma la historia de Gabriel, un hombre inmerso en la soledad y el dolor que busca la redención.

Bonnett aseguró en una entrevista con Efe que "toda la vida el tema de la gente que está en la calle" la ha "inquietado muchísimo" y eso le impulsó a escribir esta novela publicada por Alfaguara.

"Tengo mucha simpatía por los habitantes de calle, no les tengo miedo, me gusta mirarlos a la cara y he tenido experiencias muy bonitas al hablar con ellos", aseguró.

Con el paso de los años, la escritora vivió diferentes experiencias que la llevaron a rescatar la dimensión humana de las personas que viven en la indigencia, de aquellos que lo han perdido todo y que sienten que "no pueden con la vida".

"De alguna forma, mi hijo fue uno de esos, él no podía con la vida. Sin embargo la asumió hasta el final, pero a un costo altísimo, él hizo un esfuerzo sobrehumano", aseguró al relatar la historia de su hijo fallecido que plasmó en su libro anterior, "Lo que no tiene nombre".

En un viaje familiar a Perú, Daniel, su hijo, entró en una crisis y pronunció una frase que su madre jamás olvidará. "Durante el episodio, Daniel nos dijo: 'papá, mamá váyanse que yo vendo mi cámara y me hago un indigente'".

Fue ahí cuando Bonnett se dio cuenta del interés que le generaba la indigencia y de la importancia que este problema tiene no solo en Colombia, sino en el mundo, y creó conciencia de "que hay mucha más gente desajustada" de la que se podía imaginar.

"Donde nadie me espere", según explica, "no es la historia de un indigente", es la historia de un ser humano que "trata de conservar su dignidad por encima de todo hasta que la realidad lo expulsa definitivamente".

La escritora dice haber tenido siempre empatía con los jóvenes, ya que fue profesora de la bogotana Universidad de los Andes y gracias a esa cercanía sus estudiantes le contaron historias que más adelante nutrieron al personaje de Gabriel, protagonista de la novela.

"Básicamente yo me imaginé a Gabriel", aseguró la autora y añadió que ella le creó un pasado "robando cosas de la historias" que le había contado la gente.

Gabriel, en quien Bonnett plasmó su dificultad por asimilar la realidad cotidiana, es un hombre que deja la calle y es llevado a casa de sus abuelos, donde intenta recuperar las riendas de su propia vida.

Por medio de la escritura quiere reconstruirse y demostrarse a sí mismo y a quienes lo rodean que está otra vez en la vida, pero siempre teniendo en cuenta que vivirla le resulta muy difícil a pesar de todos sus esfuerzos.

"No quise hacer solamente la historia de un ser excepcional, sino que quise crear una historia con la que todos, en cualquier momento nos podemos identificar" aseveró Bonnett.

En la obra también está muy presente la diferencia existente entre hombres y mujeres y la relación del hombre con el alcohol, del cual afirma que "desbarata familias", pero la utilizó por ser "permitido por la sociedad" y para que fuera un "apoyo para Gabriel".

En cierta forma, Bonnett creó un personaje muy masculino para mostrar la sensibilidad que la escritora considera "característica pero escondida" de este género.

"Este personaje, por su extrema sensibilidad, tiene una sensibilidad femenina que él combate, porque todo el tiempo está tratando de enfrentarse a la vida de una manera muy masculina", explica.

La escritura de la novela la inició en 2008, la interrumpió debido a la compleja relación que tenía con su hijo y la reinició después de la muerte de Daniel.

"Retomar la creación no fue nada fácil", recuerda, y añade que aunque Daniel estuvo muy presente durante todo el proceso de escritura de la obra, quiere alejarse un poco de su libro anterior y mostrar a sus lectores todo lo que ella puede dar.

"Este libro significa salir de 'Lo que no tiene nombre'. Necesito quitarme el rótulo. Necesito que mis lectores sepan que yo estoy más allá", concluyó una esperanzada Piedad Bonnett.