Diario Vasco

Madrid, 10 nov (EFE).- La épica del Atlético de Madrid que dirige el argentino Diego Pablo Simeone, con un gol del uruguayo Diego Godín jugando de delantero por estar lesionado y no haber cambios disponibles, se impuso a la pizarra del argentino Eduardo Berizzo y su Athletic Club, que se adelantó dos veces y se marcha de vacío.

El tanto de Godín fue la puntilla a un partido impredecible, en el que parecía que Berizzo iba a proclamarse triunfador gracias a su entramado defensivo y la apuesta por el contragolpe ejecutado por Iñaki Williams, autor de dos goles, pero en el que Simeone cantó victoria al final gracias a la reacción, primero del ghanés Thomas Partey y luego de Rodrigo Hernández y Godín.

Fue la sexta victoria de Simeone sobre Berizzo en diez ocasiones, con el primero siempre dirigiendo al Atlético y el segundo como entrenador del Celta de Vigo en ocho de ellas, una como técnico del Sevilla y hoy dirigiendo al Athletic.

Perdido el partido de hoy, Berizzo se quedó muy cerca de sumar su tercera victoria contra Simeone, al que solo ha ganado en dos ocasiones con el Celta, un 2-0 en LaLiga 2014-15 y un 2-3 en el Vicente Calderón con el que le eliminó en cuartos de final de la Copa del Rey.

Esta vez Berizzo salió protegiéndose en el Metropolitano, sin Aritz Aduriz en la delantera, que quedó en solitario para Iñaki Williams en busca de la carrera y el contragolpe, con Íker Muniáin como enlace entre él y una línea de cuatro en el centro del campo formada por Susaeta, Beñat Etxebarría, Mikel San José y Yuri Berchiche.

La consigna del preparador visitante era clara: líneas muy juntas durante la posesión del Atlético, con Berchiche retrasándose al lateral si era necesario para que Balenziaga ejerciera de tercer central; y balones a la carrera de Iñaki Williams para que el veloz delantero de Lezama probara a otro joven: el central local Francisco Javier Montero, titular por la plaga de lesiones de los rojiblancos.

Sobre el césped, Simeone y Berizzo parecían dos clones: tensos, atentos a cada movimiento de sus jugadores, corrigiendo a gritos cualquier situación que no cuadraba en sus planes y aplaudiendo las acciones acertadas de los suyos.

Un poco más de sufrimiento mostraba Simeone, que veía cómo la presión del Athletic hacía que los pases de su conjunto fueran imprecisos y los desmarques de Diego Costa en vano, mientras el conjunto bilbaíno atesoraba una posesión sin mordiente que le permitía ir dejando pasar el tiempo sin peligro.

La apuesta del técnico cordobés del Athletic acabó recibiendo premio en el minuto 36, cuando en una progresión de Markel Susaeta por la derecha fructificó en un centro que remató Mikel San José llegando desde atrás y superando la estirada del portero esloveno del Atlético Jan Oblak, que apenas llegó a rozar el balón.

El remate del jugador navarro se estrelló en el palo y rebotó en paralelo a la línea de gol, sin llegar a entrar en la portería hasta que Iñaki Williams llegó para remachar el balón a la portería. Berizzo aplaudía y Simeone se veía forzado a buscar soluciones.

Para agitar a su equipo, el entrenador porteño del Atlético apostó por Víctor Machín 'Vitolo', en sustitución de un Costa cuya lucha no había fructificado en remates por la férrea defensa bilbaína y que llegaba a este partido recién recuperado de una lesión.

El canario generó una falta nada más saltar al césped con tarjeta amarilla para Beñat y pisó área minutos después, en una jugada en la que quiso llegar haciendo la pared con el brasileño Filipe Luis hasta casi la línea de gol. Pero Iago Herrerín observaba el duelo con relativa tranquilidad, lo que hizo a Simeone meter más madera: el portugués Gelson Martins por el central Montero, lo que llevó a Saúl Ñíguez al centro de la zaga.

Contra las prisas del Atlético por empatar, el equipo de Berizzo tiró de aplomo sin renunciar a la mordiente. Un robo de Unai Núñez anticipándose a Griezmann acabó progresión, pared y pase de la muerte hacia Williams, cuyo remate raso obligó a lucirse a Oblak.

Sin embargo, hay imponderables que se escapan a la táctica del mejor estratega. Cuando el Atlético no encontraba caminos, apareció un chutazo del ghanés Thomas Partey desde el exterior del área, imposible de parar para Herrerín, que hacía el 1-1 en el minuto 62. El Atlético y Simeone iban a por más, con la entrada del croata Nikola Kalinic por el argentino Ángel Correa.

Pero las sorpresas no habían acabado, porque apenas un minuto después la alegría cambiaba de banquillo. Un robo de Balenziaga cerca de su área llegó rápidamente a Muniaín, que puso un pase en profundidad a la carrera de Williams, que apareció por la espalda del defensor uruguayo Diego Godín, se escapó inalcanzable para el zaguero y resolvió en el mano a mano con Oblak para hacer el 1-2.

La tensión era palpable en el banquillo del Atlético, con advertencia del árbitro Sánchez Martínez a Simeone y amonestación al portero suplente Antonio Adán. Nada que ver con el área técnica visitante, donde Berizzo iba dando entrada a Peru Nolaskoain para meter oxígeno en el mediocampo y a un viejo conocido de la grada local, Raúl García, recibido con ovación del Wanda Metropolitano.

Para entonces, Simeone ya había ordenado a Godín que se ubicara de delantero centro de emergencia debido a las molestias físicas del charrúa, que regresaba de una lesión y prácticamente no podía correr en aquel momento del encuentro, mientras dos centrocampistas como Thomas y Saúl quedaban como centrales.

De cabeza, en el noveno saque de esquina de los locales, llegó la igualada del Atlético, con un cabezazo de Rodrigo Hernández al primer palo que hizo a Simeone y a todo el Metropolitano estallar de alegría, para pasar a unos minutos finales de máxima tensión, con advertencias del colegiado a uno y otro técnico.

Y de nuevo un testarazo, de Godín, en una falta sacada por Thomas, prolongada por Rodrigo, rematada en escorzo por Griezmann y empujada a la red por la cabeza del uruguayo. El sello de la épica que se impuso a la pizarra.