Diario Vasco

Barcelona, 10 nov (EFE).- El periodista e historiador Enric Calpena, que acaba de publicar "El dia que Barcelona va morir", donde relata el asalto y destrucción parcial de la ciudad por el ejército del Califato de Córdoba en el año 985, considera que "paradójicamente, aquella razia de Almanzor tuvo un impacto positivo en la ciudad".

En una entrevista a Efe, Calpena ha explicado que aunque conocía el hecho histórico, una conversación con un historiador le permitió acceder a estos acontecimientos con mayor detalle: "Los barceloneses de diez años después de la razia hablaban todavía del día en que Barcelona murió".

La posterior documentación de ese período concreto llevó a Calpena a toparse con varios misterios fascinantes: "Barcelona tenía entonces unas murallas poderosas que habían impedido asaltos anteriores, y Almanzor entró en la ciudad después de seis días de asedio, lo que hace pensar que alguien le ayudó desde dentro. Donde hay especulación, hay una novela".

Admite el autor que puede resultar exagerado decir que en 985 Barcelona pudo desaparecer por la razia de Almanzor, pero "por las investigaciones recientes se deduce que una tercera parte de la ciudad fue destruida, especialmente la parte que daba a la puerta de mar".

"No hubo una destrucción total, como se había mantenido, pero la ciudad recibió un golpe muy fuerte, y además Almanzor hizo miles de esclavos, buena parte de los cuales subastó cerca de Martorell y los que no consiguió vender o cobrar el rescate, se los llevó a Córdoba".

A su juicio, el impacto no sólo se debió a la derrota, sino porque también los ciudadanos se sintieron "abandonados tras pedir ayuda sin éxito al reino de los francos, que mandaba entonces en la Marca Hispánica" y que determinó que el conde Borrell II se negara a rendir vasallaje al rey franco Hugo Capeto, que supuso la ruptura con los francos.

Sin embargo, advierte Calpena, la razia de Almanzor tuvo "un impacto positivo, porque en los años posteriores se tomaron decisiones, se emprendieron expediciones militares de los soldados de los condados como la de 1010 a Córdoba y Barcelona vivió un florecimiento que probablemente sin el ataque no sabemos si lo habría tenido y una expansión económica, política y territorial".

Aunque las cifras de la antigüedad son siempre discutibles, admite el autor, algunas fuentes hablan de que Almanzor se plantó en Barcelona con 40.000 soldados, frente a una población local de 3.500 personas.

La particularidad de Almanzor es, según Calpena, que recurre a mercenarios: "En cada derrota, eliminaba a los jefes del ejército rebelde y a los oficiales los exiliaba y les proporcionaba buenas tierras, con lo que se ganaba su favor, y a cambio debían colaborar varias veces al año en acciones con la promesa de obtener buenos botines. Esa forma de operar creaba ejércitos muy fieles".

En la novela sale a relucir un papel sorprendente de la mujer: "La visión que tenemos de la Edad Media es bastante deforme, pues a menudo pensamos que la sociedad era igual en el siglo V que en el siglo XIV, pero antes de la implantación del feudalismo en el siglo XI, el papel de la mujer se parecía más al que tenía durante el Imperio romano".

Advierte Calpena que, aunque "no se trataba de sociedades igualitarias", las mujeres no sufrían un maltrato sistemático, y "podían hablar en las asambleas, tenían derecho a tener propiedades, hacer testamentos, alegaciones, negocios, algo que desaparecerá posteriormente".

Reconoce el autor que por mucha lectura o documentación, es bastante probable equivocarse con la recreación de los personajes, pues hay muchos vacíos en los documentos históricos y aspectos de la vida cotidiana que desconocemos.

Un ejemplo de este posible error son los patronímicos, pues "todos los nombres de la novela son del año 1000, extraídos de los documentos, pero en esos manuscritos suelen salir los nombres de los poderosos y es posible que los pobres tuvieran otros nombres".

Que un personaje como Almanzor no tenga su réplica en Hollywood se debe a que, en opinión de Calpena, "el control del relato cinematográfico no pasa por Barcelona, y así un filme como 'Braveheart' no es casual por la gran migración escocesa a Estados Unidos".