Diario Vasco

Chantada , 10 nov .- ¿Cómo llevar el séptimo arte al mundo rural? Pues con un antiguo pajar y un juego de palabras, del "Cinema Paradiso" y su entrañable Totó, un niño siciliano que descubre su pasión por el celuloide con el bueno de Alfredo, al "Cinema Palleiriso" patrio, recubierto con chispazos de ingenio.

Un pajar remodelado y un proyector enmarcado en madera de abedul dan forma a "Cinema Palleiriso", una iniciativa que va cobrando cada vez mayor éxito y que se puso en marcha en 2014 en Chantada (Lugo) con la colaboración de sus habitantes y con la voluntad de volver a disfrutar de la experiencia de tener una sala de cine en un entorno único.

Tal planteamiento es fruto de la voluntad de un hombre, Anxo Moure, un cuentacuentos natural de esa zona que recuerda con nostalgia su niñez, cuando había dos cines en el pueblo, y que quería que los más jóvenes pudiesen sentir lo que él había experimentado en aquellas salas.

"Hasta ahora el cine ha sido visitado por más de 3.000 niños de toda España que, además de disfrutar del mismo, también han podido conocer la naturaleza que lo rodea", ha contado Moure en declaraciones a Efe.

Moure lanzó este ambicioso diseño sin ánimo de lucro junto a los miembros del Cinecuble Os Papeiros, también de Chantada, y el apoyo de la Federación Galega de Cineclubes.

"Cinema Palleiriso" hace evidentemente un juego de palabras con "Cinema Paradiso", el clásico cinematográfico de Giuseppe Tornatore, y "palleiro", el término que en la lengua gallega designa al pajar, un elemento más que habitual en áreas del rural, como precisamente ocurre con Chantada.

"Este pajar no almacena paja o maíz, en él estamos almacenando imágenes, sonidos, educación y algo muy importante, recuerdos", asegura Moure, que espera que los que visiten la sala "sigan recordando, dentro de muchos años, la experiencia de haber visitado un cine en un pajar".

Este particular cine no tiene nada que ver con las grandes salas asépticas e insonorizadas a las que estamos acostumbrados: a pesar de estar perfectamente adaptado para la proyección de filmes, el edificio no está aislado del entorno que lo rodea.

"La lluvia y los truenos, cuando los hay, forman parte de la banda sonora de la película que estamos proyectando", desvela el cuentacuentos.

No en vano, aunque el séptimo arte produce sentimientos por sí mismo, la sala también los genera a su manera: hace unas semanas, durante la proyección de una película, un emigrante retornado de ochenta años no pudo evitar llorar desconsolado, ya que tanto el filme como el entorno le recordaban a la Galicia que había abandonado con seis años.

Éste es uno más de los momentos únicos que se han vivido en este cine, que este mismo año contó con la presencia de Marcos Pantoja, quien asistió a la proyección de la película "Entre lobos", en la que se narra la historia de cómo él mismo se había criado entre lobos.

"Disfrutamos de la película y luego grabamos un cortometraje en el que Marcos enseñaba a los niños a aullar como los lobos", recuerda Anxo Moure.

En "Cinema Palleiriso" manda lo que manda, pero también hay espacio para la poesía y, sobre todo, para la naturaleza: los niños que acuden pueden disfrutar de la experiencia de ser acomodadores y cobrar la entrada simbólica, véase la hoja seca de alguno de los árboles del lugar.

"Tenemos 36 butacas pero, como todo buen cine, tenemos un carro de vacas a modo de gallinero y alpacas de paja como asientos suplementarios, lo que nos deja un aforo de unas cien personas", explica Moure.

El pajar no es el único elemento icónico del rural gallego del que se valió Anxo Moure para sus proyectos: este mismo año lanzó "Proxeccións horreorosas", un ciclo de cine de terror en el interior de un hórreo.

"Ahí sí que hay siempre lleno", bromea Moure, con sarcasmo, dado que en estas pequeñas construcciones empleadas sobre todo antaño para conservar los alimentos lejos de la humedad el aforo es de tan solo seis personas.

No obstante, para este cuentacuentos, toda sala es un barco, el público su tripulación y el proyector entonces se transforma en la vela que hace, y consigue, que todos viajen hacia los lugares en los que transcurren las películas.