Diario Vasco

Barcelona, 10 nov (EFE).- El periodista Alfonso Egea recrea la investigación del crimen del guardia urbano de Barcelona que fue asesinado por su expareja, en el marco de un triángulo amoroso, en un libro que trata de rehuir el "amarillismo" porque, en su opinión, "adornar una historia es el camino más corto para estropearla".

Egea, experto en tribunales y sucesos y colaborador habitual del programa "Espejo Público", comenta en una entrevista con Efe su libro "29 balas y una nota de amor" (Alrevés, 2018), sobre el caso del agente de la guardia urbana al que presuntamente asesinaron su expareja Rosa Peral y el amante de ésta, Alberto López, también agente del cuerpo.

El periodista escogió este caso al considerar que reunía "todos los ingredientes" para hacer un ensayo interesante: "Una mujer, dos hombres, todos miembros de la Guardia Urbana, y relaciones sentimentales y sexuales muy tormentosas".

En el libro, Egea reconstruye toda la investigación del caso, incluyendo declaraciones, testimonios y pruebas obtenidas por los Mossos. "Hay momentos de la historia que parecen pura ficción", confiesa.

Uno de los principales temores del autor, asegura, fue mantener la distancia necesaria con cada una de las familias de los implicados (la víctima y los dos acusados) ya que, para él, la "empatía" puede conducir a la "subjetividad" y a "hacer mal el trabajo".

Por ese motivo, sólo contactó con la familia de la víctima una vez que el libro ya estaba terminado: fue entonces cuando Egea envió un ejemplar a los familiares del fallecido, acompañado de una nota explicando el objetivo de su obra, e intentó hacer llegar otro a los dos acusados, aunque "a día de hoy" afirma que no ha obtenido respuesta de los encarcelados.

El gran objetivo del libro, cuenta el autor, es acercar a los lectores investigaciones policiales, que a priori pueden parecer "soporíferas", para que descubran que algunas historias reales pueden ser "más interesantes que la ficción".

Otro aspecto que resalta el autor es que su libro, además de estar enfocado al público general, puede resultar interesante para gente del entorno judicial (periodistas especializados o abogados), así como para los denominados "cafeteros", aquellos lectores habituales de crónica negra.

Asimismo, Alfonso Egea mantiene que no es necesario "amarillear" las historias o recurrir a partes "más íntimas" fuera de lo "estrictamente necesario", en especial cuando se trata de historias potentes desde un punto de vista narrativo.

No sólo en escritos judiciales, sino en todos los géneros periodísticos, el periodista reitera que hay que evitar "obsesiones" por "adornar" o "darle morbo" a las historias, ya que esto solo conduce al error.

Frente a esta mala praxis, el autor apuesta por trabajar desde el "respeto", explicándole cosas a los lectores que no conocen o entienden, para convertir el género en algo "didáctico".

Cuando se habla de crímenes o juicios, explica, lo que más suele sorprender a la gente es que el "90 por cierto de los protagonistas" de las historias son gente de a pie, personas que se "parecen mucho" a nosotros.

Con este tipo de trabajos, afirma Egea, los periodistas pueden explicar cómo funcionan las mentes de determinadas personas y acercarse a un fin común: "Encontrar métodos para que estos casos sean cada vez menos frecuentes".