Diario Vasco

Bruselas, 9 nov (EFE).- La Unión Europea ha levantado cerca de mil kilómetros de barreras físicas en sus fronteras desde los años noventa para impedir la entrada a inmigrantes, según un informe de tres organizaciones publicado hoy, con motivo del 29 aniversario de la caída del muro que más avergonzó a Europa, el de Berlín.

Diez países de la UE (España, Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Reino Unido, Letonia, Estonia y Lituania) han erigido vallas en sus fronteras en las últimas décadas por razones migratorias, según la investigación, llevada a cabo por el Centro Delàs de Estudios por la Paz, el Transnational Institute (TNI) y Stop Wapenhandel.

Esas barreras están en las fronteras externas de la Unión pero también entre los propios Estados miembros, señala el documento, que analiza en particular los obstáculos en la ruta de los Balcanes, en el norte de África (con España -Ceuta y Melilla-), en el Reino Unido y en las repúblicas Bálticas y la frontera con Rusia.

Según el informe, la política europea considera "una amenaza para la seguridad" la llegada de flujos migratorios y de personas desplazadas por la fuerza y apuesta por la creciente "militarización" de la Agencia europea de fronteras y costas (Frontex).

El informe concluye que "en lugar de dar prioridad a los métodos humanitarios en la gestión de los flujos migratorios y de tratar los problemas estructurales de violencia global y desigualdad económica", la UE "ha optado por levantar muros sociales, políticos y físicos argumentando que así protege el territorio europeo de la inseguridad y el terror".

Para cambiar ese enfoque, el documento recoge una serie de recomendaciones, incluida la idea de abrir un debate con la sociedad civil sobre "el modelo de seguridad que queremos", la conversión de Frontex en una "agencia humanitaria europea no militarizada" o la aplicación de campañas contra el racismo y la xenofobia.

"Una UE de fronteras abiertas es hoy en día un ideal sin cumplir, ni siquiera (se da) en el espacio Schengen, donde las fronteras parecen abiertas pero en realidad se controla y almacenan los datos de todos nuestros movimientos" explicó a Efe Ainhoa Ruiz, coautora del estudio.

El informe, añadió, "pretende abrir la reflexión sobre un aspecto del que hablamos poco, que es el derecho al movimiento. Hay personas que tienen más acceso a la movilidad global y eso está determinado por dinámicas de poder territorial".

Para la coautora del texto, la construcción de muros es "un tipo de violencia que, por parecer más pasiva, no deja de generar violencia física, cultural y estructural, que no distingue entre (personas) migradas por motivos económicos o refugiadas".

Además de analizar los muros "físicos", el documento analiza los muros "mentales", marcados por el auge del racismo y la xenofobia y los "virtuales", determinados por los sistemas de control y almacenamiento de datos de los movimientos y por la vigilancia de los espacios fronterizos.

Según Ruiz, "lo que realmente da miedo es darnos cuenta de cuántas cosas se están haciendo mal a nivel de política internacional para que cada vez más personas tengan que huir de sus casas" y considera que la UE debe asumir una responsabilidad en ese ámbito.

El documento presta especial atención a las raíces de la xenofobia y a la "crisis de la solidaridad europea" y concluye que la ola de racismo y xenofobia en la UE revela "que la Europa de los Derechos Humanos es un ideal que está lejos de ser implementado y socializado".

El avance de los diputados de partidos xenófobos en los Estados miembros demuestra que el problema en Europa no solo está relacionado con la crisis económica, "sino que es el resultado de una crisis europea de solidaridad y de voluntad política", señala el documento.