Diario Vasco

Múnich , 12 oct .- La Unión Socialcristiana (CSU) de Baviera trató hoy darse ánimos ante las elecciones regionales del domingo, en que se prevé que perderá la mayoría absoluta, con Viena como aliado y en ausencia de la canciller alemana, Angela Merkel.

El pabellón cervecero de Löwenbräu, en el corazón de Múnich, acogió su último gran acto de campaña, entre militantes entregados a celebrar todo lo identificable como intrínsecamente bávaro, cuando se da por seguro el fin de su dominio en solitario del "Land".

"Hay que luchar por la victoria hasta el último voto. Se trata de que Baviera siga siendo Baviera, la fuerte y exitoso Baviera", proclamó el jefe del gobierno bávaro, Markus Söder, con seis meses en el cargo y ansioso de lograr la ratificación en las urnas.

Los sondeos sitúan a la conservadora CSU con entre el 33 % y el 35 % de apoyo, frente al 43 % de las anteriores regionales o el 60 % obtenido en 2003.

Arropado por el primer ministro de Austria, Sebastian Kurz, y el líder del partido y ministro de Interior de Merkel, Horst Seehofer, Söder hizo su entrada en la sala envuelto en la estridente música propia de una carpa cervecera y sin escatimar ningún tópico bávaro.

"Somos el partido de la estabilidad, nadie más representa la prosperidad y el éxito de Baviera", proclamó en una sala enorme pero cerrada, en lugar de la Marienplatz, la plaza muniquesa donde habitualmente cierra sus campañas la CSU.

"Tenemos que proteger nuestras fronteras para impedir flujos incontrolados de inmigración", afirmó el conservador Kurz, en alusión tanto a su país como a Baviera, el "Land" por el que ingresó la mayor parte de los 1,3 millones de refugiados llegados a Alemania desde 2015.

Kurz acudió como aliado procedente del país vecino, con el que la CSU mantiene mejor relación que con la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, el partido con el que los conservadores bávaros integran un grupo parlamentario común en el Bundestag (cámara baja).

La ausencia de la canciller era algo más o menos asumido por todos los implicados, lo que no evitó que, en una comparecencia ante los medios anterior al mitin, saltara la pregunta recurrente de por qué estaba ahí Kurz y no Merkel.

"La canciller ha estado últimamente tres veces en Baviera", excusó Seehofer, en alusión a sucesivas visitas de Merkel durante la campaña.

La líder alemana y su ministro mantienen unas relaciones más que tensas, que van de la antipatía personal a lo político, salpicadas por las amenazas de Seehofer de romper la coalición de Gobierno en Berlín y sus exigencias de endurecer la política migratoria.

Las rencillas con Merkel y también con Söder -quien se convirtió en jefe del Gobierno bávaro tras un duro pulso con Seehofer- han desgastado a la CSU, que ha gobernado en solitario durante décadas, casi ininterrumpidamente, el "Land" más próspero de Alemania.

"Los Verdes se dicen renovadores, pero son un partido anticuado que basa su programa en prohibir, prohibir y prohibir. Lo único que están dispuestos a permitir es el consumo del cannabis", afirmó Söder sobre los ecologistas que, según los sondeos, se convertirán en la segunda fuerza bávara, con un 19 % o hasta un 20 %.

A los Verdes se les pronostica un resultado jamás alcanzado en ese tradicionalista "Land" y no se descarta que la CSU se vea abocada a negociar una coalición para mantenerse en el poder.

La CSU sí excluye como socio a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), a la que se pronostica un 10 % -el mismo resultado que los Electores Libres, una escisión de la CSU-.

Las elecciones generales del año pasado en Alemania, en que Merkel logró la reelección pero con los resultados más bajos de la historia, convirtieron a la AfD en tercera fuerza a escala nacional, situación que, admitió Söder, "desbarató el esquema político alemán".

Ni Söder ni Seehofer lograron dar una explicación sólida, sin embargo, a la pregunta de por qué rechazan categóricamente a la AfD, mientras Kurz gobierna en Viena apuntalado en la ultraderecha.

"La AfD es un partido de creación reciente, mientras que nuestros socios en Austria tienen una larga trayectoria, son una formación consolidada", razonó Kurz, que llegó a Múnich para auxiliar, también en esa cuestión, a sus aliados bávaros.