Diario Vasco

Fráncfort , 12 oct .- El egiptólogo Jan Assmann y su esposa Aleida, que recibirán este domingo el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, repasaron hoy en la Feria del Libro algunos aspectos de su trabajo sobre la memoria histórica, que les ha valido el galardón en tiempos de auge del revisionismo.

"Hemos tomado una decisión política y de actualidad. En tiempos de auge del extremismo y el revisionismo tenemos que ocuparnos de nuestro pasado", dijo el presidente de la Asociación de Libreros Alemanes, Heinrich Riethmüller, al presentar al matrimonio de académicos en la Feria.

Aleida -especializada en literatura inglesa- y Jan Assmann vienen de mundo universitario y ambos se han esforzado por rebasar las fronteras de sus disciplinas.

Todo empezó por un diálogo entre ellos. Aleida estudió egiptología como asignatura secundaria y Jan empezó a leer novelas inglesas para estar cada uno al tanto de los intereses del otro.

"Aclaro: Jan no leía novelas inglesas, me las leía a mí en voz alta y yo me quedaba dormida", bromeó Aleida en medio de las explicaciones de su marido.

En todo caso, el interés del uno por el campo de trabajo del otro llevó a que se dieran cuenta de que del diálogo entre las dos disciplinas podía surgir algo interesante y decidieron llevar esa experiencia a otros académicos y crearon un círculo de trabajo interdisciplinar y al margen de la universidad.

El trabajo sobre la memoria, desde la perspectiva de diversas disciplinas, estuvo desde el comienzo de ese grupo y terminó convirtiéndose en el tema clave de los Assmann.

En Alemania tiende a creerse que entre los dos hay una especie de división del trabajo y que mientras que Jan se dedica a la investigación académica propiamente dicha Aleida ha asumido una actitud más de ensayista, que se confronta con debates actuales desde diversos formatos.

Sin embargo, Aleida no está plenamente de acuerdo con ello y sostiene que ella también ha hecho investigación académica básica -más allá de su campo original- justamente en torno al tema de la memoria en la medida en que ha tenido que definir una serie de conceptos que luego ha aplicado a trabajos concretos.

Su reflexión sobre la forma como los alemanes se confrontan con su pasado tuvo un momento clave hace 20 años, justo a propósito de un discurso del escritor Martin Walser al recibir el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes.

Walser causó primero un escándalo y luego generó un debate al hablar de una "instrumentalización de Auschwitz" por parte de sectores interesados.

"Interrumpí el trabajo que estaba haciendo y empecé a trabajar sobre el discurso de Walser. Me di cuenta que ni yo, que pertenezco a la generación del 68, ni Jan, que pertenece a la generación de los niños de la guerra, teníamos el mismo horizonte de Walser", dijo.

Walser -lo mismo que Günter Grass- pertenece a la generación que pasó directamente de los bancos de la escuela a los campos de batalla de la II Guerra Mundial y que vivió toda su socialización bajo el régimen nazi.

"Fue esa generación la que empezó con el trabajo de la memoria histórica, el propio Walser hizo aportes importantes", dijo la ensayista.

Según Aleida Assmann, durante la era de Helmut Kohl se intentó neutralizar el recuerdo con un monumento en Berlín -la reproducción gigantesca de una escultura de Käthe Köllwitz con una madre que tiene a su hijo muerto en los brazos- a las víctimas de todas las guerras.

"Ese monumento los igualaba a todos y los mostraba a todos como víctimas", dijo Aleida Assmann.

El entonces presidente del Consejo Superior de los Judíos, Ignaz Bubis, dijo que ese monumento podía hacerse pero junto con otro, sobre el que ya había planes y también debates, a las victimas del Holocausto, hoy mucho mas visible que el primero.

Desde la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) el debate sobre ese monumento ha vuelto -uno de sus líderes, Björn Höcke, lo ha llamado monumento de la vergüenza- por lo que el premio a los Assmann, es en cierta manera un aporte al debate.