Diario Vasco

Rabat, 9 oct (EFE).- El conflicto diplomático que enfrenta actualmente a los gobiernos de Marruecos y Holanda por la supuesta injerencia holandesa en cuestiones marroquíes debido a la tensión en la región del Rif se ha trasladado a un festival de cine que ahora tiene lugar en la ciudad marroquí de Nador (noreste).

Concretamente, la Embajada de Holanda en Rabat reclama a los organizadores del Festival Internacional de Cine y Memoria Común la suma de 40.000 euros con la que la representación diplomática ha financiado este festival, que se inauguró el pasado sábado con asistencia del expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Este año Holanda era el "invitado de honor" en el festival, pero esa condición le fue retirada por razones políticas, según dijo a Efe Abdesalam Butayeb, principal organizador del festival, quien agregó que esta decisión se debió a que "no nos valen lecciones (de Holanda) y su ministro de Exteriores no sabe qué pasa en el Rif; nuestra dignidad vale más que eso".

El pasado 28 de septiembre, en el curso de una reunión en Nueva York calificada de "tempestuosa" por fuentes diplomáticas marroquíes, el ministro marroquí de Exteriores dijo a su colega holandés Steve Blok que su país "rechazaba de forma tajante las palabras, acciones e interferencias de Holanda" sobre la situación en la región de Rif.

Al no ser su país "invitado de honor" en el festival, la Embajada de Holanda considera que "las condiciones de la subvención ya no se cumplen" y en consecuencia ha conminado a los organizadores del festival "devolver todos los pagos que se han hecho", según la misiva de la embajadora a la que tuvo acceso Efe.

El festival debate ahora sobre si procede esta devolución, toda vez que el dinero ya se ha gastado en dos partidas: el alojamiento, manutención y viajes de una veintena de holandeses invitados al festival, que mantuvieron su viaje; más el montaje de una sala de cine móvil en una carpa para la proyección de películas del festival.

Holanda cuenta con una numerosa comunidad rifeña, muy politizada, establecida desde hace décadas en el país, y el gobierno holandés ha seguido desde el principio con gran atención la situación de inestabilidad y represión que vivió el Rif entre fines de 2016 y todo 2017, una actitud calificada de "ingerencia" por el gobierno marroquí.