Diario Vasco

Moscú, 13 jul (EFE).- La primera cumbre entre los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Estados Unidos, Donald Trump, se presenta para Moscú como la oportunidad perfecta para imprimir un giro a sus deterioradas relaciones con Washington, pero el optimismo brilla por su ausencia en los prolegómenos de la cita en Helsinki.

Y es que la mochila con la que llegan ambos mandatarios a la capital finlandesa no puede ser más pesada, pues no ha dejado de crecer año tras año desde 2014, cuando el conflicto político en Ucrania detonó el mayor enfrentamiento entre Rusia y Occidente desde la crisis de los misiles.

Todo esto se refleja en las escasas expectativas que la opinión pública rusa tiene ante la reunión de Helsinki, como demuestra una reciente encuesta, que revela que sólo el 33 por ciento de los rusos espera resultados positivos.

La mayoría absoluta de los participantes en el sondeo -el 56 por ciento-, no espera ningún avance significativo de las conversaciones entre Putin y Trump.

La anexión de Crimea, la guerra en el este de Ucrania, la intervención militar rusa en Siria, la investigación sobre la presunta injerencia rusa en las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca, las sanciones y expulsiones recíprocas de diplomáticos son algunos de los problemas que lastran las relaciones entre Moscú y Washington.

En su momento, Rusia se congratuló efusivamente por la llegada de Trump a la Casa Blanca, viendo en el ascenso del empresario una oportunidad para sacar las relaciones bilaterales de la crisis en la que se hallaban inmersas.

Sin embargo, al poco andar el entusiasmo de Moscú se transformó en decepción al constatar que Trump -ya fuera por voluntad propia o presionado por la clase política estadounidense- no estaba dispuesto, pese a sus reiteradas declaraciones en sentido contrario, a desatascar las relaciones con Rusia.

Pero en círculos políticos y medios europeos, y también en EEUU, la celebración de la cumbre ruso-estadounidense ha despertado temores de que Trump pudiera llegar a acuerdos separados con el jefe del Kremlin, sin tomar en consideración a sus aliados occidentales, en lo que respecta, por ejemplo, a la anexión de Crimea.

Esta posibilidad la recogen algunos medios rusos, como el digital Gazeta.ru, que ha apuntado que para el presidente estadounidense el asunto de Crimea es un tema abierto a negociaciones.

"Podemos esperar cualquier tipo de declaraciones antes de la cumbre y en la rueda de prensa final, pero ello no significa que durante la reunión ocurra algo crucial. Por lo que sé, nadie, ni en Moscú ni en Washington, espera grandes resultados", declaró el historiador y politólogo Valeri Solovéi.

Según el experto, en Helsinki nadie hará concesiones, tampoco en lo que se refiere a Ucrania.

"Es evidente que no habrá reconocimiento de la reunificación con Crimea y que no se levantarán las sanciones (a Rusia)", dijo Solovéi al periódico Moskovski Komsomolets.

En su opinión, en la cumbre de Helsinki puede ocurrir lo mismo que sucedió en Singapur, en la reunión entre Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, de la que se dijo que "fue un 'encuentro trascendental', y en realidad casi nada cambió después de ella".

No obstante, Putin necesita alcanzar algún tipo de consenso con Trump, por mínimo que sea, para frenar la degradación de las relaciones bilaterales.

Varios medios rusos coinciden en que Siria podría ser el ámbito propicio para alcanzar un acuerdo, habida cuenta de las declaraciones de Trump sobre su intención de retirar las tropas estadounidenses del país árabe.

El presidente de EEUU podría presentarse ante su opinión publica como un paladín de la paz, mientras que Putin lo haría como vencedor en una lid geopolítica, aunque las ambiciones de Rusia en el país árabe quedarían maniatadas por la presencia iraní, turca y saudí.

En todo caso, la impredecibilidad de Trump es un factor que podría echar por tierra todos los pronósticos sobre la cumbre de Helsinki.